¿Habrá un tercer templo en Jerusalén en el tiempo del fin? Eso es lo que vamos a examinar, partiendo de lo que Pablo realmente quiso decir cuando habló del Anticristo sentado en el templo de Dios.
Índice de Contenidos
- ¿Por qué existen diferentes interpretaciones de la Biblia?
- Escatología
- Las Cuatro Escuelas Frente al Mismo Texto
- ¿Qué significa «templo» para Pablo?
- El problema de fondo: dividir lo que Dios unió
- Las setenta semanas de Daniel 9
- El tercer templo y la realidad geopolítica
- Lo que sí enseña la Biblia sobre el fin
Tabla de contenidos
Toggle¿Por qué existen diferentes interpretaciones de la Biblia?
La razón principal no está tanto en los textos, sino en la manera en que nos acercamos a ellos.
En un proceso ideal, primero se debería ir al texto sin ideas preconcebidas. Luego aplicar principios hermenéuticos para hacer una exégesis sana y honesta. Y así, con el tiempo, aprender cómo la misma Biblia se interpreta: cuándo es literal, cuándo es simbólica y cómo funcionan sus distintos géneros.
Recién después de eso se forma una lente coherente de interpretación, y a partir de allí se extraen las doctrinas tal como la Biblia las enseña, construyendo así una teología sistemática realmente bíblica. Pero con frecuencia la realidad es otra.
La mayoría no llegamos a la Biblia «en blanco». Antes de hacer exégesis, heredamos una lente de interpretación dentro de un marco académico o eclesiástico, junto con sus doctrinas y toda su teología sistemática.
Y entonces ocurre algo muy común: no vamos al texto para descubrir lo que dice, sino con ideas preconcebidas para confirmar lo que ya creemos, forzando la Biblia para que encaje en la lente de interpretación heredada.
Escatología
La escatología es la rama de la teología que estudia los acontecimientos futuros relacionados con el tiempo del fin. Sin embargo, aunque todos estudiamos las mismas profecías, no todos llegamos a las mismas conclusiones sobre los eventos finales. ¿Por qué sucede esto? Porque existen cuatro escuelas distintas de interpretación profética.
Las escuelas preterista, historicista y futurista interpretan las profecías como una descripción de eventos históricos reales y concretos, pero difieren en cuándo los ubican. La escuela preterista los sitúa principalmente en el siglo primero.
La historicista los distribuye de manera progresiva a lo largo de la historia del cristianismo hasta la Segunda Venida. La futurista los coloca en el futuro, cercanos a la Segunda Venida de Cristo.
La cuarta escuela, la idealista, interpreta el texto como símbolos de enseñanzas espirituales universales, no ligadas a eventos históricos específicos.
Todas usan la Biblia y dicen aplicar la exégesis. Lo que cambia es el marco interpretativo del lector.
Ninguna denominación usa una sola escuela de interpretación de manera exclusiva. Si se observan las grandes denominaciones cristianas, cada una tiene una escuela claramente predominante dentro de su teología, aunque conviven en tensión con otras lecturas, que según el caso van de muy minoritarias a significativas.
En todas las denominaciones existe un debate, explícito o implícito, sobre la interpretación profética. Y en ese debate se distinguen dos tipos de oyentes.
El primero es un núcleo doctrinal duro: personas formadas desde niños, con una identidad espiritual muy ligada al sistema. Para ellos, cambiar el marco interpretativo equivaldría a «perder el piso». Con este grupo, muchas veces la exégesis no produce cambio, porque el sistema termina filtrando el texto.
El segundo es un círculo mucho más amplio de buscadores honestos: personas que aman la Biblia, empiezan a notar tensiones internas y perciben contradicciones sin buscar polémica. Este grupo escucha, y es más grande de lo que parece. En los últimos años está en continuo crecimiento, impulsado en gran parte por el acceso a contenidos bíblicos a través de las redes sociales.
Es verdad también que las redes sociales introducen todo tipo de falsas doctrinas. Por eso la única salvaguarda es un estudio honesto con el texto bíblico. Es lo único que garantiza confiar en Jehová y no en el hombre.
Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Salmos 118:8
Las Cuatro Escuelas Frente al Mismo Texto
Veamos cómo interpretan estas cuatro escuelas el mismo pasaje:
3 Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4 el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. 2 Tesalonicenses 2:3-4
Todos leen exactamente el mismo texto. Pero la interpretación cambia según el marco previo de cada escuela.
Para la escuela preterista, el cumplimiento se ubica en el siglo primero. La apostasía sería una crisis dentro del judaísmo o del cristianismo primitivo, el hombre de pecado una figura política o religiosa de la época, y el templo de Dios era el templo de Jerusalén, todavía en pie en tiempos de Pablo.
La escuela historicista lee el texto como un proceso a lo largo de la historia del cristianismo. La apostasía no es un hecho puntual, sino una corrupción doctrinal. El hombre de pecado no es una persona aislada, sino un poder religioso-institucional que se desarrolla con el tiempo. Y el templo representa a la comunidad de fe que afirma representar a Dios.
Para la escuela futurista, Pablo está hablando de eventos que todavía no ocurrieron. La apostasía sería un abandono masivo de la fe antes del fin del mundo, el hombre de pecado un individuo concreto comúnmente identificado como el Anticristo final, y el templo un edificio literal que será reconstruido en Jerusalén.
La escuela idealista no interpreta el texto como un evento histórico específico, sino de forma simbólica. La apostasía es una realidad constante dentro de la historia del pueblo de Dios, el hombre de pecado es la personificación del mal religioso que se manifiesta repetidamente, y el templo es el ámbito espiritual donde el ser humano se relaciona con Dios.
Mismo texto. Cuatro lecturas distintas. No porque el texto sea confuso, sino porque cada escuela llega a él con un marco interpretativo diferente.
¿Qué significa «templo» para Pablo?
En 2 Tesalonicenses 2:3-4, cuando Pablo dice que el hombre de pecado «se sienta en el templo de Dios», utiliza la palabra griega naós.
Uno de los principios más básicos de la exégesis es la consistencia semántica. Este principio establece que un autor debe ser interpretado según el significado que él mismo da a sus términos, especialmente cuando los usa de manera repetida y coherente. La pregunta correcta no es qué significa «templo» para el lector de hoy, sino qué significa naós para Pablo.
Y la respuesta es muy clara. Además del versículo de 2 Tesalonicenses 2, Pablo menciona la palabra templo en otras tres secciones de sus cartas, siempre con el vocablo griego naós, y siempre con el mismo significado.
¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 1 Corintios 3:16
…el templo de Dios sois vosotros. 1 Corintios 3:17
…nosotros somos el templo del Dios viviente. 2 Corintios 6:16
En Efesios 2, Pablo lo desarrolla con aún más detalle. Explica que los gentiles, que antes estaban sin Cristo y alejados de la ciudadanía de Israel, ahora son conciudadanos de los santos, edificados sobre la piedra angular que es Jesucristo mismo, convirtiéndose en un templo (naós) santo en el Señor, edificado para morada de Dios en el Espíritu.
11 Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. 12 En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Efesios 2:11-12
19 Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, 20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. 21 En él todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. Efesios 2:19-22
Pablo no deja lugar a dudas. Para él, en toda su teología, el templo es la comunidad redimida: la unión de judíos y gentiles en un solo cuerpo en Cristo.
Este pensamiento también se confirma en el libro de Hechos. En ese libro, Pablo habla del templo como edificio físico en cinco oportunidades, pero en esos casos utiliza siempre la palabra hierón, sin excepción.
En cambio, en Hechos 17:24, Pablo vuelve a usar naós y declara que el Señor del cielo y de la tierra no habita en templos hechos por manos humanas.
En resumen, Pablo habla de templo usando hierón para referirse siempre al templo literal, y usa naós, tanto en Hechos como en sus epístolas, para referirse al templo espiritual: los redimidos en quienes habita el Espíritu Santo.
Tomando en cuenta todo esto, y que en sus cartas no existe ninguna enseñanza que espere una reconstrucción futura del templo de Jerusalén, la conclusión es inevitable.
En 2 Tesalonicenses 2:4, Pablo al hablar de templo con el término naós no está hablando de un templo de piedra, sino de un templo espiritual, tal como él lo define en toda su teología. Por lo tanto, la advertencia de Pablo no apunta a la reconstrucción de un tercer templo en Jerusalén, sino a una gran apostasía dentro del cristianismo, y a un poder religioso que, desde dentro del pueblo de Dios, ocupará el lugar que solo le corresponde a Dios.
El problema de fondo: dividir lo que Dios unió
La separación rígida entre Israel y la Iglesia no surge de la exégesis paulina, sino de un sistema teológico posterior que divide lo que Pablo afirma que Dios ya unió en Cristo. Forzar este pasaje para extraer de allí un templo futuro requiere introducir un sistema externo en el texto. Eso no es exégesis. Eso se llama eiségesis.
El pilar central del dispensacionalismo es la separación radical entre Israel y la Iglesia. Cuando ese pilar se derrumba, todo el sistema se desarma por sí solo.
Debido a ello, el dispensacionalismo no enseña un tercer templo físico por convicción exegética, sino porque lo necesita para mantener la coherencia de toda su teología. Al separar a Israel de la Iglesia, generando dos pueblos y dos programas, necesita que Israel vuelva a ocupar un lugar central en el escenario del fin.
Para que exista ese sistema, tiene que existir un templo. Sin un templo literal, Israel quedaría reducido a una nación secular, sin función profética distinta de la Iglesia, y todo el esquema se derrumbaría.
Por eso el dispensacionalismo está obligado a postular un tercer templo: no porque los textos lo exijan, sino porque sin templo no puede sostener su estructura profética.
Las setenta semanas de Daniel 9
Veamos brevemente cómo la separación radical entre Israel y la Iglesia lleva a tergiversar no solo textos como 2 Tesalonicenses 2, sino también profecías enteras. La profecía de las setenta semanas de Daniel 9 es un ejemplo claro.
La profecía comienza en Daniel 9:24, estableciendo que setenta semanas están determinadas sobre el pueblo y la santa ciudad para que ocurran seis cosas.
»”Setenta semanas están determinadassobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad,para terminar la prevaricación,poner fin al pecadoy expiar la iniquidad,para traer la justicia perdurable,sellar la visión y la profecíay ungir al Santo de los santos. Daniel 9:24
Sobre las primeras tres hay consenso total: hablan del Mesías y se cumplieron en la cruz. Pero el dispensacionalismo afirma que las otras tres se completarán en un reino futuro de Israel, rompiendo así la unidad natural del pasaje sin ningún fundamento exegético.
Separar estas seis acciones es amputar el texto. El pasaje presenta una sola obra, realizada por una sola persona: el Mesías. Cristo cumplió claramente también las tres últimas.
«Traer la justicia perdurable» se cumplió en la cruz, donde Jesús obtuvo una justicia perfecta y eterna para todos los que creen. «Sellar la visión y la profecía» se cumplió con su muerte y resurrección, que confirmó las profecías mesiánicas. Y «ungir al Santo de los santos» apunta a Jesús inaugurando el santuario celestial con su sangre, tal como enseña Hebreos 9.
Estas acciones no apuntan al fin del mundo, sino al corazón del evangelio: la cruz, la resurrección y el ministerio celestial de Cristo.
El versículo 25 marca el período desde la orden para restaurar Jerusalén hasta la aparición del Mesías, que son 69 semanas, y no hay discusión en su significado.
Sabe, pues, y entiendeque desde la salida de la ordenpara restaurar y edificar a Jerusalénhasta el Mesías Príncipe,habrá siete semanas y sesenta y dos semanas;se volverán a edificar la plaza y el muroen tiempos angustiosos. Daniel 9:25
El versículo 26 comienza describiendo la muerte del Mesías —»se quitará la vida al Mesías, mas no por sí»—, en lo que también hay consenso. Luego dice que el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario, y la mayoría concuerda en que esto describe la destrucción de Jerusalén por Roma en el año 70.
Después de las sesenta y dos semanasse quitará la vida al Mesías,y nada ya le quedará.El pueblo de un príncipe que ha de venirdestruirá la ciudad y el santuario,su final llegará como una inundación,y hasta el fin de la guerradurarán las devastaciones. Daniel 9:26
Pero aquí viene un detalle clave. El dispensacionalismo afirma que la palabra «príncipe» se refiere al Anticristo futuro. Sin embargo, el versículo no está hablando del príncipe: está hablando del pueblo. El príncipe es solo un adjetivo calificativo de ese pueblo, que ya el texto ubica en el pasado. Lo más lógico es concluir que el adjetivo de un sujeto del pasado también pertenece al pasado.
Además, la historia lo confirma con precisión: cuando Roma invadió Jerusalén, el ejército no fue liderado por un comandante militar ni por el emperador, sino por el príncipe Tito, que actuaba bajo la autoridad de su padre, el emperador Vespasiano.
Deducir de ese texto que «el príncipe» es un Anticristo futuro solo es posible si se fuerza el pasaje por las necesidades de una lente de interpretación externa.
Por otra semana más confirmará el pacto con muchos;a la mitad de la semanahará cesar el sacrificio y la ofrenda.Después, con la muchedumbre de las abominaciones,vendrá el desolador, hasta que venga la consumacióny lo que está determinadose derrame sobre el desolador.”» Daniel 9:27
En cuanto al versículo 27, la lectura más obvia sería que «confirmará el pacto con muchos» durante la semana que sigue inmediatamente a la semana 69. A la mitad de esa semana, tres años y medio después del bautismo de Cristo, el Mesías muere, haciendo cesar los sacrificios y ofrendas por el pecado. Luego vendría el «desolador»: el ejército romano como instrumento de juicio, sobre quien también al final se derramaría lo determinado.
Sin embargo, el dispensacionalismo no puede leer el texto así, porque llevaría a una conclusión que derrumba toda su teología: si el pacto fue confirmado por muchos con la muerte del Mesías, ese pacto incluye a los nuevos conversos, judíos y gentiles unidos en Cristo, confirmando exactamente lo que Pablo enseña en sus epístolas sobre un templo espiritual y un solo pueblo morada del Espíritu Santo.
Para evitar esa conclusión, el dispensacionalismo debe hacer tres cosas que el texto no indica: llevar la última semana al futuro insertando un paréntesis temporal de casi dos mil años; cambiar el sujeto, de modo que las acciones recaigan sobre el Anticristo en lugar del Mesías; y suponer la construcción de un tercer templo futuro, porque el Anticristo tiene que detener sacrificios en algún lugar.
No porque el texto lo diga, sino porque el sistema lo requiere para sobrevivir.
El tercer templo y la realidad geopolítica
Intentar colocar una sola piedra del tercer templo, que debería construirse en la Explanada de las Mezquitas, sería encender la mecha de una guerra global sin precedentes. Para los musulmanes, demoler la Mezquita de Al-Aqsa y el Domo de la Roca implicaría destruir el tercer lugar más sagrado del islam, desatando una furia que no incendiaría solo el Medio Oriente, sino cada rincón del planeta.
Israel controla la seguridad exterior del sitio, pero el «statu quo» con Jordania prohíbe cualquier modificación precisamente para evitar una guerra religiosa. Ese lugar está vigilado día y noche, y cualquier intento de intervenirlo, aunque sea mínimo, provocaría enfrentamientos armados y olas de terrorismo a escala global.
El tercer templo es hoy el botón rojo de la Tercera Guerra Mundial: una catástrofe humanitaria y diplomática que ninguna nación, ni siquiera Israel, está dispuesta a asumir.
Ante este panorama, resulta preocupante ver tantos canales y medios sensacionalistas afirmando que «cada vez estamos más cerca del tercer templo» y que «la profecía ya se está cumpliendo», simplemente porque ya están listos algunos muebles del templo o porque los sacerdotes están entrenados, o porque ya existen las vacas rojas de las que tanto se ha hablado.
Es como si alguien afirmara que una profecía que promete un regalo de mil millones de dólares ya está próxima a cumplirse… porque ya tiene en casa un lugar preparado para guardar el dinero. Nada de eso acerca el cumplimiento de una profecía. Solo crea ilusión, expectativa y engaño.
Lo que sí enseña la Biblia sobre el fin
Es importante aclarar algo. La escatología dispensacionalista no describe el futuro que la Biblia anuncia para los redimidos. La reconstrucción de un tercer templo en Jerusalén es política y religiosamente casi imposible.
Sin embargo, Jesús advirtió que vendría una tribulación sin precedentes. No se sabe si parte de ese caos será producido por el intento humano de imponer un templo por la fuerza en Jerusalén. Pero si eso llegara a suceder, no sería como cumplimiento de una profecía dispensacionalista. El hecho de que algo esté mal profetizado no significa que Satanás no intente provocarlo para engañar a las naciones.
No habrá un rapto secreto. Pablo describe la venida de Cristo como un evento ruidoso, público y glorioso: con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, los muertos en Cristo resucitarán.
16 El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire. 1 Tesalonicenses 4:16-17
Todo lo contrario a secreto. La iglesia tendrá que pasar por la tribulación, como indica Apocalipsis 13:7, pero no estará sola ni será abandonada.
Se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Apocalipsis 13:7
Y aun si algún día se levantara un edificio en Jerusalén, nunca sería el «Templo de Dios» en sentido bíblico. Porque para Pablo, ese templo ya existe. Y no está hecho de piedras. Está hecho de personas redimidas.
Solo acercándose al texto profético con humildad y honestidad se puede estar más preparado para la venida de Cristo.
Por CHRISTIAN JABLOÑSKI
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