¿Que es la naturaleza caida y como afecta a tu vida?

¿Por qué, aunque se ame a Dios y se desee obedecerle, se termina cayendo una y otra vez? Términos como naturaleza caída, pecado original o concupiscencia deberían aclarar el problema, pero muchas veces solo generan más confusión. Lo que sigue muestra que todo esto puede explicarse de forma mucho más clara de lo que parece.

Naturaleza prelapsaria y naturaleza poslapsaria

Antes de la caída en pecado, Adán y Eva tenían una naturaleza perfecta, sin ninguna inclinación al mal. Sus pensamientos eran claros y puros, sus deseos estaban en total armonía con la voluntad de Dios y sus emociones eran equilibradas. Contaban además con una perfección física llena de vitalidad y disfrutaban de inmortalidad, condicionada al acceso del árbol de la vida, tal como explica Génesis 3:22.

Luego dijo Jehová Dios: «El hombre ha venido a ser como uno de nosotros, conocedor del bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre.» Génesis 3:22

A esa condición los teólogos la llaman naturaleza pre-lapsaria. La palabra «caída» en latín es lapsus, de modo que pre-lapsario significa antes de la caída, es decir, antes de que Adán pecara.

Después de que Adán desobedeció, su naturaleza cambió y sus descendientes comenzaron a nacer con una naturaleza diferente: la naturaleza pos-lapsaria, es decir, después de la caída. Esta naturaleza tiene una inclinación interna al mal y se encuentra separada de Dios desde el nacimiento.

La Biblia expresa esta idea de muchas formas: «en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre», «éramos por naturaleza hijos de ira», y «el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud.»

Dos naturalezas

Las tres áreas afectadas por la naturaleza caída

Esa inclinación al mal se manifiesta principalmente en tres áreas del ser humano.

El pensamiento. La primera es un entendimiento oscurecido.

…teniendo el entendimiento entenebrecido. Efesios 4:18

…el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura. 1 Corintios 2:14

Este oscurecimiento se manifiesta de diversas formas: no distinguir con claridad entre el bien y el mal, justificar el pecado mediante argumentos aparentemente lógicos, no ver la realidad desde la perspectiva de Dios, o interpretar mal las Escrituras cayendo en errores teológicos.

Los deseos desordenados. La segunda área es lo que se denomina concupiscencia. Los deseos, que originalmente estaban alineados con la voluntad de Dios, ahora se dirigen hacia lo que Dios prohíbe.

…todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos. Efesios 2:3

La palabra griega epithumía puede referirse tanto a un deseo bueno —como cuando Jesús dijo en Lucas 22:15 «¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua!»— como a un deseo malo. En ese segundo sentido aparece en la Biblia como «pasiones carnales» y se traduce como concupiscencia, que significa precisamente el desorden en los deseos.

Es importante no confundir la lujuria con la concupiscencia como si fueran sinónimos. La lujuria es solo una de las muchas formas en que la concupiscencia puede manifestarse. Otras son la gula, la pereza, la codicia, el deseo de poder, el hedonismo y la vanagloria, entre muchas más.

Pasiones buenas o malas

Dios creó al ser humano con deseos buenos —el deseo sexual, el apetito, el deseo de éxito o de compañía—, pero al separarse de Él, esos mismos deseos se desviaron de su propósito original. Cuando los deseos desordenados se repiten y gobiernan la vida, terminan convirtiéndose en verdaderas adicciones que esclavizan la voluntad y destruyen el carácter.

El peso de los deseos ante nuestros principios

Las emociones. La tercera área son las reacciones emocionales distorsionadas. Las emociones que Dios dio para amar, sentir gozo o compasión también se desequilibraron, y ahora muchas veces dominan las decisiones. La Biblia advierte repetidamente (Proverbios 29:25, 29:11, 14:30, Santiago 3:14-16) sobre el temor basado en la desconfianza en Dios, la ira, la envidia, los celos y muchas otras emociones distorsionadas como consecuencia de la naturaleza caída.

Cuatro aspectos a tomar en cuenta

Primero, las tres áreas no actúan de forma aislada sino que se retroalimentan mutuamente, creando un ciclo interno que refuerza la inclinación al mal.

Segundo, no siempre el pecado empieza por el pensamiento: a veces comienza por un deseo impulsivo o por una emoción descontrolada que domina antes de que se pueda razonar.

Tercero, no siempre es necesario que actúen las tres áreas a la vez: a veces el entendimiento está iluminado y se sabe lo que es correcto, pero los deseos desordenados arrastran de todas formas.

Y cuarto, no es necesario tener la naturaleza caída para pecar, como lo demuestran la caída de Satanás, los ángeles caídos, y la propia caída de Adán y Eva.

Un ejemplo bíblico: el pecado de Eva

El relato de Génesis 3 ilustra cómo el mal afecta las tres dimensiones del ser. El entendimiento de Eva fue oscurecido cuando creyó la mentira de Satanás: «seréis como Dios.» Su percepción de la realidad cambió y pensó que desobedecer la haría un ser superior. 

Luego el deseo se despertó al ver que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y codiciable para alcanzar sabiduría. La atracción, la ambición y el impulso de independencia la empujaron a actuar.

El ser humano con naturaleza caída tiene una inclinación al mal mucho mayor que la que tenía Eva, lo que genera en el interior una batalla espiritual constante. Pablo la describe con gran honestidad en Romanos 7:

18 …en mi carne, no mora el bien; 19 porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Romanos 7:18-19

La debilidad física

Existe un aspecto más de la naturaleza caída que no debe ignorarse. Desde la caída, el cuerpo quedó afectado por la fragilidad, la baja resistencia, el desgaste y la muerte. A diferencia de las otras tres áreas, la fragilidad física no implica una inclinación moral hacia el mal: no es malvada en sí misma, pero debilita la resistencia espiritual y hace al ser humano más vulnerable.

La debilidad física en la naturaleza caída

Cuando se está agotado, enfermo o débil, la voluntad se debilita. Cuesta más orar, dominar las emociones o resistir la tentación. En el Getsemaní, Jesús les dijo a sus discípulos:

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Mateo 26:41

No está hablando de maldad moral, sino de limitación física. Los discípulos querían obedecer, pero fueron vencidos por el sueño y el cansancio.

…aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 2 Corintios 4:16

Por eso la vida cristiana también incluye cuidar el cuerpo, descansar y vivir con sabiduría, sabiendo que el estado físico puede ser un canal por el cual el enemigo aproveche la debilidad.

La voluntad: la pieza clave

La voluntad es la facultad que permite elegir y determina finalmente el tipo de acción que se realizará. Cuando la voluntad cede, la tentación se convierte en pecado.

…cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado. Santiago 1:14-15

Sin el Espíritu Santo, la voluntad está completamente debilitada: falta firmeza para elegir el bien y se cede fácilmente al mal. No es una inclinación al mal en sí misma, sino una incapacidad para resistirlo.

Separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5

Solo el Espíritu Santo puede habilitar la voluntad para responder a Dios.

Pondré dentro de vosotros mi Espíritu y haré que andéis en mis estatutos. Ezequiel 36:27

Con la naturaleza caída, es imposible buscar a Dios o amarlo sin que antes actúe su gracia. Esta intervención inicial se llama gracia preveniente: Dios, por pura misericordia, capacita al ser humano para buscarlo, responderle y aceptar la salvación.

Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. 1 Juan 4:19

Incluso antes de que se lo desee, el Espíritu Santo ya está obrando. Por eso Jesús advirtió que blasfemar contra el Espíritu Santo no tiene perdón: no por falta de poder divino, sino porque implica una resistencia consciente y persistente a la única puerta que puede liberar la voluntad esclavizada para que el ser humano pueda volver a Dios.

La educación de los niños

Vale detenerse en la importancia de guiar a los niños desde pequeños en los caminos de Dios. Una de las mejores definiciones de educación dice así: «Educar es enseñar a un niño a gobernarse a sí mismo.» Eso implica enseñarles abnegación, dominio propio y respeto por los límites. No hay mayor daño para un niño que crecer sin límites claros, porque eso debilita su carácter y lo deja vulnerable en la batalla espiritual.

La psicología moderna y la Biblia

Es interesante notar que incluso desde un enfoque secular, la psicología moderna ha identificado dinámicas internas muy similares a las que describe la Biblia. La Terapia Cognitivo-Conductual, una de las más utilizadas y respaldadas científicamente a nivel mundial, examina cuatro áreas: lo que se piensa, lo que se siente, lo que ocurre en el cuerpo y cómo se reacciona. 

Se aplica en tratamientos para la ansiedad, la depresión y las adicciones, y busca cambiar cómo se interpreta la realidad para lograr una vida más estable.

La psicología moderna

Sin embargo, la diferencia con el enfoque bíblico es abismal. La psicología busca una transformación funcional: aliviar el sufrimiento, mejorar la conducta. No parte de una necesidad espiritual ni apunta a la reconciliación con Dios. 

El enfoque bíblico, en cambio, busca una transformación espiritual. Parte de la idea de que el ser humano está caído y necesita redención. El objetivo no es solo mejorar, sino ser regenerado por el Espíritu Santo y restaurado a la imagen de Cristo. No se trata de técnicas, sino de gracia y fe, y el fin no es solo la salud mental, sino la santidad y una relación real y transformadora con Cristo.

La lucha que se experimenta es el resultado de una condición heredada que afecta cada parte del ser. Pero no estamos condenados a permanecer así. El Espíritu Santo busca, llama y quiere dar poder para vencer.

…las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. 2 Corintios 10:4

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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