¿Mi Bebé Está Condenado? La Respuesta Bíblica Te Sorprenderá

¿Ese bebé que acaba de nacer y respira por primera vez ya está condenado delante de Dios? ¿Cargará culpa por el pecado de Adán? ¿O es completamente inocente y solo será pecador cuando él mismo elija rebelarse?

Este tema ha dividido iglesias durante siglos. Pero la respuesta bíblica es mucho más hermosa y mucho más lógica de lo que muchos imaginan.

Las tres grandes posturas

En el cristianismo existen tres formas de entender el pecado original.

La primera dice que nacemos pecadores, culpables y condenados. La segunda dice que nacemos con naturaleza caída, pero sin pecado. La tercera —y la única que permite armonizar todos los textos bíblicos— dice que nacemos pecadores en cuanto a condición, pero sin culpa personal.

Antes de analizar cada postura, es importante aclarar dos cosas.

Primera aclaración: esto no es un tema de denominaciones. Este debate no divide denominaciones entre sí, sino que las divide internamente. Los Ortodoxos sostienen únicamente la tercera postura, a la que llaman «pecado ancestral», es decir, corrupción sin culpa. Las Iglesias Reformadas sostienen únicamente la primera, la postura calvinista clásica de culpa heredada. Pero en el resto de las grandes tradiciones —Católicos, Anglicanos, Metodistas, Luteranos, Adventistas, Pentecostales y Bautistas— el debate es interno y conviven dos o incluso las tres posturas al mismo tiempo.

Esto deja en claro que la discusión atraviesa casi todo el cristianismo.

Segunda aclaración: este tema tiene mucha más importancia de la que parece. Según la definición que se tenga de pecado, dependerá el concepto de salvación. No se puede determinar la cura correcta si antes no se entiende con exactitud cuál es la enfermedad. Del correcto entendimiento del pecado original depende también la creencia sobre la naturaleza humana de Cristo, el bautismo y la doctrina de la santidad.

Análisis de las tres posturas

La postura 1 afirma que nacemos pecadores, culpables y condenados. Heredamos de Adán una naturaleza pecaminosa y corrupta más la culpa judicial personal del pecado de Adán. Para esta postura, el bebé ya es culpable delante de Dios aunque no haya hecho nada. De allí nacen prácticas como el bautismo de infantes para «quitar el pecado original», y en el calvinismo más estricto la afirmación de que los bebés no regenerados pueden perderse.

La postura 2 dice todo lo contrario: no se nace con ningún pecado. Quienes la sostienen no llaman «naturaleza pecaminosa» a la condición heredada, sino «naturaleza caída». El pecado aparece solo cuando la persona comete su primer acto consciente y voluntario de desobediencia. Por consiguiente, el bebé nace sin culpa y es inocente.

La postura 3 es intermedia. Dice que sí se nace pecador, pero no se nace culpable. ¿Es esto posible? Sí, completamente, porque la Biblia enseña que el pecado tiene dos sentidos distintos.


Los dos sentidos del pecado

El primero es el pecado en sentido ontológico, es decir, el pecado como naturaleza.

…éramos por naturaleza hijos de ira. Efesios 2:3

En maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. Salmos 51:5

El segundo es el pecado en sentido judicial, como transgresión voluntaria de la ley. Este es el pecado que genera culpa y, por consiguiente, condenación. La Biblia ofrece una definición explícita para este sentido:

…el pecado es infracción de la ley. 1 Juan 3:4

Y Santiago lo explica con total claridad:

14 Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Santiago 1:14-15

Los términos «naturaleza caída» y «naturaleza pecaminosa» no son contradictorios. Al decir «caída» se enfatiza el origen, que es Adán. Al decir «pecaminosa» se enfatiza la condición real que se lleva dentro. Pablo mismo, al referirse a su propia naturaleza, la describía con frases como «el pecado que esta en mí» o «la ley del pecado que está en mis miembros.»

De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que está en mí. Romanos 7:17

Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. Romanos 7:23

La culpa, en cambio, se relaciona únicamente con lo que cada uno hace, no con lo que ha heredado.

El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo. Ezequiel 18:20

…pagará a cada uno conforme a sus obras. Romanos 2:6

…cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. 2 Corintios 5:10

Se hereda la enfermedad del pecado, pero no la condena por haberla contraído.

La analogía de la anemia falciforme

Existe una enfermedad genética grave llamada anemia falciforme. Es causada por un gen defectuoso que el bebé hereda al nacer. No hizo nada para tenerlo. Al nacer, todavía no le duele nada y no ha tenido ninguna crisis, porque la enfermedad no presenta síntomas inmediatamente. 

Sin embargo, debido a ese gen defectuoso, con el tiempo los glóbulos rojos comienzan a tener forma de hoz, se rompen fácilmente y obstruyen vasos sanguíneos. Con los años aparecen síntomas clínicos muy graves que afectan la sangre, el oxígeno y prácticamente todos los órganos, llevando al enfermo a una muerte prematura.

Cuando el niño nace, en cierto sentido tiene la enfermedad —el gen que la produce— y en cierto sentido no la tiene, porque aún no se ha manifestado. Aunque al nacer con ese gen ya se lo considera una persona enferma.

El paralelismo con el pecado original es muy claro. El gen defectuoso representa la naturaleza caída o pecaminosa, es decir, la condición heredada interna. Los síntomas clínicos y las crisis representan al pecado como transgresión voluntaria de la ley, es decir, la culpa judicial.

¿Significa esto que se puede pecar tranquilamente?

Algunos podrían concluir que no tiene sentido esforzarse en llevar una vida cada vez más santa, ya que de todas formas no se puede evitar tener una naturaleza pecaminosa. Esa conclusión es tan errónea como no hacer nada para que el niño enferme menos y sufra menos síntomas, con el argumento de que ya nació con la enfermedad.

1 ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? Romanos 6:1-2

…el pecado no se enseñoreará de vosotros. Romanos 6:14

El evangelio exige equilibrio. No se puede enfatizar que nacemos en condición de pecado sin enfatizar también la importancia de la batalla de la fe. La gracia no es permiso para pecar: es el poder de Dios para no pecar. 

La naturaleza pecaminosa permanece hasta la glorificación, pero el Espíritu Santo da victoria diaria sobre el pecado conocido y santifica progresivamente.

¿Necesita el bebé un Redentor si no tiene culpa judicial?

Sí, y mucho.

…la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán. Romanos 5:14

Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 1 Corintios 15:22

El bebé muere porque está «en Adán». Solo estando «en Cristo» tiene vida eterna. Jesús no solo calma síntomas perdonando actos: hace un trasplante espiritual completo. Entrega un nuevo corazón, un nuevo espíritu y, en la resurrección, un cuerpo glorificado sin el gen defectuoso.

¿Qué pasa con los bebés que mueren?

La Biblia no ofrece una frase del tipo «todos los infantes van al cielo», pero los principios que enseña están llenos de esperanza.

Dejad a los niños venir a mí… porque de los tales es el reino de los cielos. Mateo 19:14

Después de la muerte de su hijo, David dijo: Yo voy a él, mas él no volverá a mí. 2 Samuel 12:23

Los bebés y niños sin discernimiento moral están seguros en los brazos de Jesús. No porque sean «inocentes perfectos», sino porque nunca rechazaron la gracia que Cristo ya pagó por ellos.


La cura completa: el trasplante espiritual

Volviendo a la analogía. El problema de la anemia falciforme está en la médula ósea, donde se producen los glóbulos rojos. Mientras la médula siga produciendo glóbulos deformados, toda la sangre estará marcada por la enfermedad. 

Se pueden tratar los síntomas, tomar medicamentos, tener cuidados… pero la causa permanece dentro. La única cura real es el trasplante de médula ósea: un cambio de identidad biológica donde las células nuevas llevan el ADN del donante y el cuerpo empieza a producir sangre nueva con información genética de otro.

El problema espiritual del ser humano no es superficial ni solo conductual. El problema está en la raíz. Se puede intentar mejorar, disciplinarse, resistir… pero sin un cambio interno la raíz sigue generando lo mismo.

Así como el enfermo necesita la médula de un donante sano, el pecador necesita la vida de Cristo implantada dentro de sí. Cristo no vino solo a perdonar: vino a dar una vida nueva.

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí. Gálatas 2:20

…llegamos a ser participantes de la naturaleza divina. 2 Pedro 1:4

Se dejan de producir obras de la carne y se empieza a producir el fruto del Espíritu, porque la raíz fue reemplazada.

Y un día, cuando Cristo regrese, ese trasplante será completo: «este cuerpo corruptible se vestirá de incorrupción» y el gen defectuoso del pecado desaparecerá para siempre.

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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