Lucca Giordana

70 semanas de Daniel Explicado fácil #1

En este post, daremos inicio al estudio de las profecías temporales, y comenzaremos con una que, por su claridad, es probablemente una de las más accesibles para comprender la profecía de las setenta semanas, que se encuentra en el capítulo 9 del libro de Daniel.

A medida que avancemos en este análisis, abordaremos detalles sobre su cumplimiento que, sin duda, resultarán sorprendentes.

Profecía de las setenta semanas

Vamos a leer primero los períodos de tiempo para plasmarlos en un gráfico, con el fin de visualizar mejor el esquema que nos presenta. Luego, veremos con más detenimiento los detalles de los acontecimientos para poder establecer las fechas.

El texto dice en Daniel 9 a partir del versículo 24:

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre su santa ciudad. Daniel 9:24

Donde ocurrirán varias cosas que veremos en breve. Luego, en el versículo 25, dice:

Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas. Daniel 9:25

Es decir, habrá 69 semanas en total, divididas en dos grupos de 7 semanas y 62 semanas, respectivamente.

La profecía termina diciendo, a partir del versículo 27, que por otra semana más (es decir, la semana que falta para completar las 70) confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda.

Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Daniel 9:27

Así que este sería el gráfico que la profecía nos presenta:

Vamos a concentrarnos en la primera parte y luego veremos la segunda parte de la semana faltante.

La fecha que da inicio a las setenta semanas es la de la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén. El libro de Esdras, al igual que los registros históricos extra bíblicos, registran tres órdenes de reconstrucción.

La primera fue la que dio Ciro en el año 537 a.C., y está registrada en Esdras capítulo 1, versículos del 1 al 4. Esta orden permitió el retorno de alrededor de 50.000 judíos que trajeron nuevamente los utensilios del Templo que Nabucodonosor se había llevado a Babilonia. 

Es una orden importantísima porque da cumplimiento a la profecía de los 70 años de cautiverio que había profetizado el profeta Jeremías, pero ese es otro tema.

La segunda orden fue dada por Darío I en 519 a.C., y se encuentra registrada en Esdras capítulo 6, versículos del 3 al 12. Esta orden fue necesaria debido a la oposición que enfrentaban y porque la reconstrucción del templo aún no se había completado, por lo que era importante garantizar que la obra continuara sin interrupciones.

La tercera orden fue dada por Artajerjes I en 457 a.C., y está registrada en Esdras 7, versículos del 11 al 26. Esta orden era muy superior a las anteriores, porque permitió que los judíos tuvieran sus propios sacerdotes, gobernadores y jueces con plena autoridad política y religiosa. Los eximió de los tributos de los Medo-Persas y le dio a Esdras autoridad y recursos para los servicios del templo.

En definitiva, el alcance de la orden de Artajerjes del año 457 antes de Cristo es, por lejos, la orden que hace posible que se cumpla la profecía al pie de la letra. 

No solo porque permite que se termine la edificación de Jerusalén, sino que también, tal como dice la profecía, esta orden es la única que le asigna a los judíos la autonomía e independencia necesarias para restaurar (es decir, conseguir el estado que tenían antes), obteniendo los judíos nuevamente, y contra todo pronóstico, el renacimiento legal de la nación judía en Jerusalén.

Bien. A partir de ahí, tenemos que ver si la profecía está expresada en períodos de tiempo literales o simbólicos.

Períodos de tiempo en la Biblia

El principio de día por años en las profecías es un tema complejo y muy discutido, y lo vamos a ver con más profundidad en el segundo video de esta profecía.

Pero como introducción al tema, vamos a decir, simplemente, que en la Biblia hay períodos de tiempo literales y simbólicos. Cuando el tiempo de una profecía es literal, un día es un día; pero cuando el tiempo es simbólico, un día se toma por un año.

Recordar estas dos premisas es fundamental, y no me cansaré de repetirlo. La correcta interpretación de una profecía consiste en identificar los símbolos y descifrar correctamente su significado. El significado de un símbolo no es producto de la adivinación, suposición o especulación, sino que debe estar explicado por la Biblia.

La Biblia respalda la simbología de día por año de diversas maneras. Por ejemplo, en Números 14:34, se establece:

Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día. Números 14:34

En Ezequiel 4:5, se menciona:

Yo te he dado los años de su maldad por el número de los días… día por año, día por año te lo he dado. Ezequiel 4:5

Asimismo, existen otros textos que utilizan una semana para representar un período de siete años.

Ahora bien, ¿cómo sabemos si la profecía de las setenta semanas está expresada en semanas literales de siete días o en semanas simbólicas de siete años? En este caso:

En primer lugar, si tomamos semanas literales, setenta semanas corresponderían a 490 días, es decir, poco más de 16 meses, y no hubo ningún acontecimiento histórico relevante en ese período de tiempo.

En segundo lugar, si interpretamos las semanas de manera simbólica, esto representa 490 años, y de esta forma los acontecimientos proféticos encajan de manera tan sorprendente que han dejado perplejos incluso a los historiadores más escépticos.

Es tan evidente que la profecía habla de semanas de años que prácticamente la totalidad de los teólogos de distintas religiones coinciden en esta interpretación.

Más adelante profundizaremos en este tema, pero por ahora avancemos con el texto profético para identificar las fechas.

Problema del año cero

Teniendo como referencia el año 457 a.C., cuando Artajerjes dio la orden que permitió «restaurar» Jerusalén, el texto señala en el versículo 25: «Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas.»

Siete semanas equivalen a 49 años, y 62 semanas representan 434 años. En total, suman 69 semanas, lo que equivale a 483 años.

Si tomamos como fecha de partida el año 457 a.C. y sumamos los 483 años proféticos (69 semanas de años), obtenemos el año 26 d.C. Sin embargo, es necesario añadir una unidad debido al «problema del año cero,» lo que nos sitúa en el año 27 d.C. ¿Por qué sucede esto?

El «problema del año cero» surge porque, al establecer el calendario, no se incluyó el concepto del año cero. En la mentalidad medieval, el cero representaba la inexistencia de algo, y un año no podía ser «nada.» Por lo tanto, la transición directa fue del año 1 a.C. al año 1 d.C., sin pasar por un año intermedio.

De esta manera, si sumamos años que abarcan tanto períodos a.C. como d.C., hay que considerar esta ausencia del año cero. Si partimos, por ejemplo, del año 3 a.C. y sumamos seis años, matemáticamente deberíamos llegar al año 3 d.C., pero en realidad, llegamos al año 4 d.C. debido a la falta del año cero.

En resumen, después de hacer el cálculo matemático inicial (457 a.C. + 483 años = 26 d.C.), debemos añadir una unidad para ajustar la cronología histórica, lo que nos lleva al año 27 d.C., coincidiendo perfectamente con el tiempo que se señala para la aparición del Mesías en la profecía de las setenta semanas.

Por tanto, el año 27 d.C. marca un punto crucial en el cumplimiento de esta profecía, ya que, según el análisis, corresponde al inicio del ministerio público de Jesús, el «Mesías Príncipe.»

En ese año, Cristo fue bautizado por Juan el Bautista. En el post sobre cuando Jesús se convierte en Sacerdote, detallo cómo, en el momento de su bautismo, Jesús se transforma en el Mesías. Si no estás familiarizado con esto, te lo resumo a continuación.

La palabra «Mesías» es hebrea, y en griego se traduce como «Cristo». Ambas palabras significan «Ungido» en español. En el Antiguo Testamento, Dios le indicaba a un profeta quién era el sacerdote o el rey elegido para el cargo por voluntad divina, y el profeta lo ungía con el aceite de la santa unción, el cual representaba al Espíritu Santo.

En el momento en que Juan el Bautista bautiza a Jesús, este es ungido directamente por el Espíritu Santo, tal como se describe en Lucas 3:22:

descendiendo el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y Dios Padre, con voz audible, dijo: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. Lucas 3:22

Jesús fue el ungido, es decir, el elegido, por excelencia.

Evidencia sobre el bautismo de Cristo en el año 27 d.C. 

Es indispensable, para que esta profecía sea sorprendente, poder demostrar con certeza que Jesús fue realmente bautizado o ungido en el año 27, es decir, 69 semanas simbólicas después del decreto de Artajerjes.

Gracias a Dios, tanto la historia como la Biblia nos brindan los datos suficientes para comprobar la veracidad de esta profecía, y vale la pena dedicar unos minutos a esto.

En Lucas, capítulo 3, nos dice que: «En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César… las multitudes salían para ser bautizadas por él…», y que, precisamente en ese momento, Jesús fue bautizado.

La historia nos cuenta que el emperador Augusto César murió el 19 de agosto del año 14 d.C., siendo sucedido por Tiberio. 

A simple vista y de forma superficial, muchos han calculado rápidamente que, si Tiberio empezó a gobernar en el año 14 y, cuando Jesús se bautizó, según Lucas 3:1, Tiberio llevaba el año decimoquinto de su reinado, llegarían a la conclusión de que el bautismo de Jesús ocurrió, como mínimo, en el año 29 d.C., lo que presenta una diferencia de 2 años con el año 27, que coincide con las 69 semanas.

No obstante, esta es una conclusión precipitada y errónea debido al desconocimiento de cómo se computaban los años en la época de Jesús, particularmente en Israel, donde el sistema difería de nuestra forma actual de contar los años.

Era algo más complejo que en la actualidad, pero tenía su lógica para la época, y para entenderlo debemos tener en cuenta tres conceptos fundamentales:

1.- En primer lugar, cada nación contaba los años de su historia en función del reinado del monarca de turno.

Sin embargo, en la época de Jesús no era así. Hoy en día, contamos los años según nuestro calendario actual, el calendario gregoriano, que se usa internacionalmente para calcular las fechas de los acontecimientos históricos. 

A continuación, expondremos las fechas correspondientes a los años de Tiberio, para que podamos ver claramente cómo el bautismo de Jesús, que ocurrió en el decimoquinto año de Tiberio, coincide con el año 27 de nuestro calendario.

2.- En segundo lugar, en Israel, los años del reinado de un monarca se contaban con respecto al calendario civil, que iba de otoño a otoño.

En Israel, el año no comenzaba el 1 de enero (ese fue un cambio realizado por los romanos); en la antigüedad, cada pueblo comenzaba su año en diferentes fechas.

Israel tenía dos calendarios: uno era el calendario religioso, que comenzaba en primavera, y el otro era el calendario civil, que empezaba en septiembre, en el mes de Tishri, y era el que se utilizaba para el cómputo de los años con respecto a los monarcas. Incluso hasta el día de hoy, el año nuevo judío empieza en septiembre/octubre.

Esto hace que los años de los monarcas que contaban los judíos estén un poco desplazados con respecto a nuestro calendario gregoriano, ya que este último va de enero a diciembre, mientras que los años judíos se contaban según el calendario civil, que iniciaba el 1º de Tishri y abarcaba de otoño a otoño.

3.- En tercer lugar, es importante considerar que muchos pueblos de la antigüedad tomaban el primer año del reinado del monarca desde el momento en que ascendía hasta el último día del año, aunque ese período solo fuese de unos pocos días.

Esto es crucial para nuestra comprensión, y así lo computaban los escribas de muchos pueblos de la antigüedad, incluidos los judíos.

De este modo, como Augusto murió el 19 de agosto, el primer año de Tiberio abarcó los pocos días o semanas transcurridos entre su ascensión al trono y el primer día de Tishri, es decir, el inicio del próximo año judío.

A partir de ahí, los años de Tiberio coinciden con los años judíos, según su calendario civil de otoño a otoño, y con un desplazamiento de aproximadamente tres meses con nuestro calendario gregoriano.

En otoño del año 27, cuando apenas comenzaba el decimoquinto año de Tiberio y quedaba poco tiempo para que finalizara el año 27, Jesús fue bautizado.

Ese fue el año en que Jesús fue ungido, es decir, el año en que se convirtió en el Mesías. Como puedes ver, todo encaja perfectamente, y por eso la profecía declara, con sorprendente exactitud, que al final de las 69 semanas vendría el Mesías Príncipe.

El período de 69 semanas está dividido en 7 y 62 porque las 7 semanas, es decir, 49 años, fue el tiempo que se tardó en ejecutar el decreto, que es lo que llevó restaurar y edificar Jerusalén.

Luego, Daniel 9:27 dice:

Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Daniel 9:27

A la mitad de la semana, es decir, 3 años y medio más tarde, Jesús concluyó su ministerio muriendo en la cruz.

Tal como acabamos de ver, Jesús fue bautizado en otoño, y como todos sabemos, murió en primavera, coincidiendo con la celebración de la Pascua. Jesús murió en la primavera del año 31, tres años y medio más tarde de su bautismo, exactamente como lo anuncia la profecía, la cual menciona que ocurriría «a la mitad de la semana.»

Cuando Cristo muere en la cruz, el servicio de ofrendas y sacrificios en el templo ya no era necesario, tal como se explica en Hebreos, capítulo 9 a partir del versículo 24, y en el capítulo 10 desde el versículo 11 en adelante. Cristo, el verdadero Cordero Pascual, había sido crucificado, expiando nuestros pecados y poniendo fin a la condena del pecado, tal como predice la profecía.

Espero que este análisis te ayude a comprender la importancia de lo que hemos estudiado. Para no extender este tema demasiado, he decidido abordar esta profecía en dos posts. En esta primera parte, he explicado de manera sencilla la interpretación de la profecía.

En una segunda parte, analizaremos otras interpretaciones, especialmente aquellas que discrepan con la interpretación de la última semana, y profundizaremos en algunos principios generales de interpretación aplicables a otras profecías.

Pero no quiero finalizar sin detenerme en el final de esta profecía, que considero crucial y realmente sorprendente.

Apedreamiento de Esteban

Las setenta semanas de la profecía concluyen tres años y medio después de la muerte de Cristo, con el apedreamiento de Esteban.

Te invito a que me acompañes a ese evento narrado en los capítulos 6 y 7 del libro de Hechos de los Apóstoles.

Esteban no solo poseía una gran capacidad intelectual, sino que, como dice Hechos 6:8, estaba lleno de gracia y poder, realizando grandes prodigios y señales entre el pueblo.

Era evidente que Esteban había estudiado profundamente las profecías y era versado en todas las cuestiones de la ley. Sin embargo, al escuchar los miembros del concilio la fuerza de su predicación, en lugar de rendirse ante las pruebas que presentaba sobre el Mesías, fueron consumidos por la ira.

En ese estado, actuando más como fieras que como seres humanos, se lanzaron sobre él para apedrearlo.

Hechos 7:55 dice que Esteban, considerado el primer mártir cristiano, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios.

Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios. Hechos 7:55

Sí, el fin de las setenta semanas determinadas para el pueblo judío, tal como lo anunciaba la profecía, estaba llegando a su fin, y quedó registrado en tres sentencias:

1. Se taparon los oídos:
En Hechos 6:15 dice que, al fijar los ojos en Esteban, vieron su rostro como el rostro de un ángel. A pesar de que el cielo les hablaba con poder a través del rostro glorificado de Esteban, el Espíritu Santo ya no podía llegar a sus corazones de piedra.

Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel. Hechos 6:15

En Hechos 7:57 dice que ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos.

Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Hechos 7:57

Este es el pecado contra el Espíritu Santo. Cuando tomas la firme decisión de tapar tus oídos para no oírlo, y cierras tu corazón para que no entre, no hay nada que el Espíritu Santo pueda hacer, porque respeta tu libertad de elección.

2. La persecución a los hijos de Dios:
En Hechos 8:1 dice que en aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia.

Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Hechos 8:1

La Biblia menciona que Dios abomina muchas cosas, pero solo una abominación es desoladora: cuando se decide perseguir y matar al pueblo de Dios. En Mateo 18:6, Jesús dijo que cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor que se cuelgue una piedra de molino y se arroje al mar.

Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. Mateo 18:6

3. El esparcimiento del evangelio a los gentiles:
Como consecuencia del punto anterior, continuando la lectura de Hechos 8:1-4, dice que todos fueron esparcidos, y los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Hubo una época anterior en la que tanto Jesús como los apóstoles tenían que predicar solo a los judíos.

En Mateo 15:24, Jesús decía:

Yo no fui enviado sino a las ovejas perdidas de Israel. Mateo 15:24

Y en Mateo 10:5-6, al principio de su ministerio, cuando Jesús envía a los doce, les dijo:

5 Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, 6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Mateo 10:5-6

Pero ahora, era imposible seguir predicando en Jerusalén. A partir de ese momento, el evangelio debía ser predicado a los gentiles, porque el tiempo para “las ovejas perdidas de la casa de Israel” había terminado.

Reflexión final

Aquí te dejo un link de un post donde hablo de por qué Dios utiliza el número siete. Ahí explico que, en las manos de Dios, un número es más que una simple cifra; Él lo utiliza como un símbolo numérico que representa una enseñanza.

Exactamente lo mismo sucede con la frase numérica “setenta veces siete”.

Cuando Pedro le preguntó a Jesús en Mateo 18:21:

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Mateo 18:20

Jesús le responde en el siguiente versículo:

No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Mateo 18:21

Jesús no le estaba dando a Pedro una cifra o una cantidad, sino una frase numérica cuyo símbolo representaba un principio.

Jesús le estaba diciendo a Pedro: “Tienes que perdonar mucho, hasta setenta veces siete.” Como Yo los perdono a ustedes, a Mi pueblo. ¿No lo ves?

Dios perdonó tanto a los judíos que Su misericordia hacia ellos no terminó con la muerte de Jesús, sino con la persecución de Sus hijos tres años y medio más tarde. Porque llega un día en que el seguir perdonando no tiene sentido, ya que pone en riesgo la vida y la salvación del resto de los hijos de Dios.

Pero cuidado, no te confundas. Esta profecía no significa que a partir de ese momento los judíos no se podían salvar. ¡Ni mucho menos! De hecho, muchos judíos se convirtieron al cristianismo y siguen aceptando a Cristo hasta el día de hoy.

Lo que quiere decir es que los judíos, como nación, perdieron su condición de pueblo escogido de Dios.

A partir de entonces, el pueblo judío ya no sería más el grupo humano que Dios utilizaría para proclamar el evangelio; ahora serían los cristianos, a quienes la Biblia llama “El Israel Espiritual.”

En este post, apenas hemos arañado la superficie de esta extraordinaria profecía, pero lo suficiente para darnos cuenta de que solo Dios puede predecir el futuro con tanta precisión.

Si te ha gustado este post te quiero recordar que no dejes de compartirlo. Seguramente conoces a alguien a quien le vendría muy bien para fortalecer su fe saber que Dios está al control. Comprender el cumplimiento de las profecías tiene un poder tremendo que impacta incluso a la mente más escéptica.

Y si quieres seguir aprendiendo cómo interpretar las profecías que Dios dejó para sus hijos, deber ir a mirar el segundo post sobre la profecía de las setenta semanas, donde la analizaremos más profundamente.

No te quepa la menor duda: si Dios reveló el futuro, es para que sus hijos lo conozcan. ¡Nos vemos en el próximo post!

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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Los 10 Mandamientos #4 – La Ley Antes de Moisés

Los ataques a la vigencia de la ley de Dios por parte del enemigo son numerosos y meticulosamente elaborados. Con frecuencia, tratar de abordar todos los argumentos en contra de la ley de Dios en un solo espacio puede confundir al creyente sincero. 

En el primer post de esta temática, me dedico a contrarrestar el argumento que sostiene: «Estamos bajo la gracia y no bajo la ley.»

En el segundo post, abordo cómo la ley, lejos de esclavizarnos, es un camino hacia la libertad.

El tercer post contiene un análisis sobre el versículo de Romanos 10:4, frecuentemente utilizado, que afirma que «el fin de la ley es Cristo.»

Este cuarto post, titulado «La Ley antes de Moisés», abordará de manera breve y clara la existencia de la ley antes de Moisés, refutando el falso argumento de que la ley de Dios no existía antes de Moisés y, por ende, que solo aplicaba a los judíos.

Si no has leído los tres posts anteriores, te recomiendo hacerlo. A medida que avancemos con esta serie, te irás dando cuenta de lo importante que es este tema para el cristiano.

¿Existía la ley antes de Moisés?

Uno de los argumentos más comúnmente utilizados para negar la vigencia actual de los Diez Mandamientos se basa en la siguiente suposición:

Antes de que Dios le entregara a Moisés los Diez Mandamientos escritos en dos tablas de piedra, dichos mandamientos no existían.

A partir de esta suposición, algunos deducen que los Diez Mandamientos eran solo para los judíos y que Jesús los tuvo que cumplir únicamente porque era judío.

Derribar este argumento es sencillo: basta con demostrar que los Diez Mandamientos ya estaban vigentes antes de Moisés, lo que implica que:

«Lo único que hizo Dios con Moisés fue entregar por escrito, en dos tablas de piedra, una ley que ya estaba vigente desde el principio, de forma oral.»

Lo primero que debemos comprender es que, para que exista pecado, es necesario e indispensable que haya una ley.

En Romanos 4:15 se nos dice:

Donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Romanos 4:15

De igual manera, Romanos 3:20 aclara que:

Por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Romanos 3:20

Esto significa que el pecado se define en base a la ley. 1 Juan 3:4 lo expresa claramente al definir el pecado como la infracción de la ley.

Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. 1 Juan 3:4

Este principio es tan sencillo como explicar que Dios no podría haber culpado a Adán y Eva por haber comido del árbol del bien y del mal si antes no les hubiese advertido que dicho árbol estaba prohibido, tal como les dice en Génesis 2:17:

Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Genesis 2:17

Bajo esta lógica sencilla y concluyente, podemos deducir que, cuando la Biblia habla de pecado, es indudable que ya existía la ley, cuya infracción convertía a los hombres en pecadores.

Por ejemplo, en Génesis 13:13 se dice:

Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra el Eterno en gran manera. Genesis 13:13

Este versículo aclara, de forma indirecta pero contundente, que ya existía la Ley de Dios, sin la cual no habría sido posible llamar a esos hombres pecadores.

Pablo explica este mismo principio en Romanos 7:7 cuando dice:

¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Romanos 7:7

Luego, Pablo nos ofrece un ejemplo sencillo para ilustrarlo: «…porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.»

Esto queda aún más claro cuando examinamos referencias a los mandamientos antes de la entrega de las tablas de la ley a Moisés en el Sinaí. Veamos algunos ejemplos que evidencian la vigencia de estos mandamientos.

Los 10 mandamientos antes de Moisés

Un primer ejemplo lo encontramos cuando José es tentado por la esposa de Potifar. Al insistirle ella para que se acostara con ella, José le responde en Génesis 39:9:

¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? Génesis 39:9

Era imposible que José hablara de pecar contra Dios si no supiera que Dios había prohibido el adulterio, correspondiente al séptimo mandamiento.

No es el único caso en el que se menciona el adulterio como pecado antes de la entrega de los mandamientos a Moisés. También podemos observarlo en la historia de Abraham con Abimelec, rey de Gerar.

Si no conoces la historia, te la resumo. Abraham estaba casado con Sara, quien además de ser su esposa, era también su media hermana por parte de su padre.

Cuando Abraham llega a la tierra de Abimelec, teme por su vida debido a la belleza de Sara. Conociendo las costumbres de la región, Abraham supone que el rey podría matarlo para quedarse con su esposa. Para evitar este desenlace, Abraham le dice a Abimelec que Sara es solo su hermana, ocultando que estaban casados.

Abimelec toma a Sara, pero antes de acostarse con ella, Dios se le revela en un sueño y le advierte que no debe tocar a esa mujer y que debe devolvérsela a su esposo Abraham. Abimelec, obedeciendo la advertencia divina, decide devolver a Sara a su esposo.

En este sueño, Dios le dice a Abimelec, como se relata en Génesis 20:6:

Yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases. Génesis 20:6

Tal como sucedió en la historia de José, es imposible que Dios le dijera a Abimelec que pecaría contra Él si cometía adulterio con Sara, a menos que Dios ya hubiera revelado previamente la ley sobre el adulterio.

Ambas historias, la de José y la de Abimelec, ocurrieron mucho antes de que Moisés recibiera las tablas de la ley en el Sinaí, lo que refuerza el argumento de que los mandamientos, incluidos aquellos relacionados con el adulterio, ya estaban vigentes antes de su entrega formal por escrito.

Pasemos a otro mandamiento fundamental: el sexto, «No matarás». Este principio aparece claramente en el relato del Génesis, cuando Caín mata a su hermano Abel. Dios le pregunta:

Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Génesis 4:10

Y luego declara:

Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Génesis 4:11

Desde el principio de la historia humana, Dios ya había dejado claro que existía una ley moral que prohibía el asesinato. De lo contrario, no habría tenido sentido maldecir a Caín por un acto que no estuviera expresamente prohibido por Dios. La infracción de Caín no fue simplemente una falta social, sino una violación directa del mandamiento divino.

Otro ejemplo de la ley moral antes de Moisés lo vemos en el trato entre Jacob y su suegro Labán. En Génesis 30:33, Jacob establece un acuerdo con Labán sobre el reparto de sus rebaños, y dice que, si no respetaba el trato, se le tendría “como hurto”. Este es un claro indicio de la vigencia del octavo mandamiento: “No hurtarás”.

Así responderá por mí mi honradez mañana, cuando vengas a reconocer mi salario; toda la que no fuere pintada ni manchada en las cabras, y de color oscuro entre mis ovejas, se me ha de tener como de hurto. Génesis 30:33

Jacob no podría haber hablado de la deshonra del hurto si no existiera ya una ley moral que condenara el robo. Esto demuestra que el conocimiento de la ley de Dios, incluido el mandamiento contra el hurto, era parte de la conciencia humana mucho antes de su formalización escrita en las tablas de la ley.

Algunos teólogos que afirman que la ley solo existió a partir de Moisés intentan minimizar estas evidencias, sosteniendo que estos actos eran meros principios de civismo o moralidad cultural. Sin embargo, si ese fuera el caso, no se podría decir que estos actos eran pecados ante Dios, como claramente afirman los textos bíblicos.

Además, hay evidencias claras de la existencia de mandamientos específicos, como el cuarto mandamiento, que ordena la observancia del día de reposo. Este es un mandamiento que no se puede justificar solo con normas de moralidad humana, sino que proviene de un mandato explícito de Dios.

Desde el principio, en Génesis 2:3, se menciona que Dios “bendijo al séptimo día y lo santificó” después de la creación. Este acto de santificación y reposo es la base para el mandamiento de guardar el sábado.

Más adelante, en Éxodo 16, antes de que Dios entregara las tablas de la ley a Moisés, se relata la historia del maná. En los versículos 26-29, Dios instruye al pueblo: “Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo”. Cuando algunos salen a recoger maná en el séptimo día y no encuentran nada, Dios se queja:

¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? Éxodo 16:28

Esta narración no solo confirma que el cuarto mandamiento ya existía antes de Moisés, sino que también sugiere que el pueblo había estado incumpliendo este mandamiento durante mucho tiempo. 

Finalmente, en el versículo 29, Dios deja en claro: “Jehová os dio el día de reposo”, reafirmando que el día de descanso no era una invención humana, sino una ordenanza divina que existía desde la creación.

Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. Éxodo 16:29

Y si aún queda alguna duda acerca de la existencia del mandamiento del día de reposo antes de Moisés, basta con observar que, cuando Dios entrega las tablas de la ley en el monte Sinaí, el cuarto mandamiento es el único que comienza con la palabra «Acuérdate». 

No puedes recordar algo a menos que ya haya sido comunicado previamente. Esto refuerza la idea de que el mandamiento de guardar el día de reposo no era nuevo, sino que había sido conocido desde antes.

No te parece lógico?

Además, consideremos el caso de Jacob. Cuando Dios le ordena que vaya a Bet-el y haga un altar, Jacob responde con la siguiente instrucción a su familia:

Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. Génesis 35:2

En un mundo dominado por el politeísmo, esta orden es significativa. Jacob sabía que no debía adorar a otros dioses porque ya conocía el primer y segundo mandamientos: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” y “No te harás imagen…”. 

El mandato de Jacob de quitar los ídolos no era una mera decisión personal, sino un acto de obediencia a los mandamientos de Dios, que evidentemente ya eran conocidos.

Este es un testimonio claro de que los mandamientos de Dios, como el de no adorar ídolos, existían antes de la entrega de las tablas en el Sinaí. Lo único que cambió fue que, en el Sinaí, Dios los escribió en piedra, reafirmando su inmutabilidad y validez eterna.

Con todas estas evidencias, entendemos mejor lo que se dice en Génesis 26:5:

por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes. Génesis 26:5

Sabemos que esos mandamientos, preceptos y leyes incluyen los mismos diez mandamientos que más tarde serían entregados a Moisés por escrito, confirmando que han estado vigentes desde el principio.

Quisiera ahora compartir contigo unas breves reflexiones:

Primero, en Génesis 6:5, se menciona que “Jehová vio que la maldad de los hombres era mucha en la tierra”, lo que llevó a la decisión de destruir a la humanidad con el diluvio. 

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Genesis 6:5

Si fuera cierto que los diez mandamientos fueron dados por primera vez a Moisés, ¿sería justo que Dios condenara a los antediluvianos por su maldad? Si ellos no conocían claramente lo que estaba bien o mal, ¿cómo podrían ser culpables? Evidentemente, la ley ya existía y era conocida, pues de lo contrario, no habría una base para juzgar su comportamiento.

Finalmente, si es falso que la ley fue dada solo a Moisés y su origen es anterior, entonces también es falso afirmar que la ley era exclusiva para los judíos. Este argumento demuestra que los diez mandamientos son universales y siempre lo han sido.

La creencia moderna de que la ley de Dios solo fue relevante desde Moisés hasta la muerte de Cristo es uno de los errores más graves y perjudiciales en el cristianismo contemporáneo. 

Esta doctrina no solo desafía la autoridad de Dios, sino que contradice la razón y la lógica. Si las naciones terrenales necesitan leyes para funcionar, ¿cómo es posible pensar que el Creador no tendría una ley para gobernar a la humanidad?

Nos vemos en el próximo post, donde continuaremos explorando por qué la muerte de Cristo, lejos de abolir la ley, confirma su carácter inmutable y eterno.

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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El Arrepentimiento – El Plan de Salvación #4

Cuando Juan el Bautista vino para preparar el camino para Jesús, en Mateo 3:1-2 se nos dice que predicaba:

Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 3:2

Posteriormente, Jesús comenzó su ministerio, y en Mateo 4:17 se dice que predicaba exactamente lo mismo:

Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 4:17

Cuando Jesús ascendió al cielo y los discípulos continuaron predicando, en Hechos 2:38 se nos relata que Pedro, dirigiéndose a la multitud, también proclamaba:

Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros. Hechos 2:28

Es evidente, entonces, que el arrepentimiento es un tema crucial para todo cristiano, y lo analizaremos en este post.

Muchos afirman: «La salvación es por gracia, pero nosotros debemos arrepentirnos. Así que parte de la salvación depende de nuestras obras.»

Sin embargo, este planteamiento es incorrecto, ya que el arrepentimiento también es una obra que realiza el Espíritu Santo en nosotros, y lo hace a través de cuatro pasos importantes:

El primer paso: Nos convence de pecado.

En Juan 16:7, Jesús promete enviar al Consolador, y en el versículo 8 nos dice que cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. 8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Juan 16:7-8

El hombre que aún no ha nacido de nuevo, a quien la Biblia llama «el hombre carnal», suele decir: «Yo soy una buena persona, no mato, no robo, no hago mal a nadie», y no siente ninguna necesidad de cambio.

Sin embargo, cuando alguien acepta a Jesús, se enfrenta cara a cara con Su vida perfecta, Su infinito amor y Su santa palabra. Es entonces cuando se hace inevitable ver la gran diferencia entre nuestra vida y la de Cristo. Gracias al Espíritu Santo hemos dado el primer paso: nos hemos convencido de nuestro pecado.

El Espíritu Santo nos revela aquello en nuestra vida que:

  • Nos daña.
  • Nos lastima.
  • Nos impide crecer espiritualmente.
  • Impide que seamos mejores templos del Espíritu Santo.
  • Nos limita a ser un mejor instrumento en Sus manos.

En definitiva, nos muestra aquello que de alguna manera nos separa de Dios.

El segundo paso: Tristeza por el pecado.

Es el Espíritu Santo quien nos lleva a experimentar tristeza, tal como lo explica 2 Corintios 7:9-10, donde dice:

9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; 10 porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación. 2 Corintios 7:9-10

Es precisamente esta tristeza celestial la que nos impulsa a desear cambiar para reflejar la imagen de Cristo.

Es fundamental notar, y este es un punto clave, que la tristeza que el Espíritu Santo pone en nosotros no es por las consecuencias del pecado, sino por el pecado en sí mismo.

El tercer paso: La confesión.

Lo primero que quiero aclarar es que la confesión debe ser realizada en oración privada y personal, directamente a Dios, sin intermediarios.

En Hebreos 4:14-16 se nos dice que tenemos:

14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:14-16

A continuación, te dejo algunos versículos que indican que Cristo es nuestro único mediador, nuestro abogado y que nadie puede llegar al Padre sino a través de Él.

Por lo tanto, no necesitamos ningún otro mediador para acercarnos a nuestro único Mediador.

Sabiendo esto, y entendiendo que podemos confesar nuestros pecados directamente a Dios en oración, siempre dirigiéndonos al Padre en el nombre de Jesús, tal como Él mismo nos enseñó en Juan 14:13:

Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Juan 14:13

Al leer este versículo comprendemos lo siguiente:

El Espíritu Santo nos muestra aquello que en nuestra vida nos separa de Dios y que podemos cambiar, y obra el milagro de producir en nosotros una tristeza sincera, como la de quien se aleja de un ser querido.

Es en ese momento cuando debemos confesar nuestros pecados y pedir en oración que Dios nos ayude a cambiar.

Esta práctica siempre ha sido la misma. Aquí abajo te dejo algunos versículos que hablan de la importancia de la confesión en el Antiguo Testamento.

Incluso en el Nuevo Testamento, la confesión estaba presente. Cuando Juan el Bautista bautizaba, lo hacía exhortando al arrepentimiento.

¿Qué significa confesar un pecado? Y, ¿qué no es confesar?

Comencemos por decir qué no es confesión. Normalmente, cuando oramos, decimos: «Perdona nuestros pecados». Sin embargo, esto no es confesar nuestros pecados. Esta es una generalización que a menudo utilizamos para evitar el acto incómodo de la confesión genuina, es decir, mencionar ante Dios nuestro pecado, de forma específica, pidiendo sinceramente Su ayuda para abandonarlo.

Como ya bien sabes, la confesión no es para que Dios se entere de lo que hemos hecho, ya que Él conoce perfectamente todas nuestras acciones, debilidades y flaquezas.

La confesión es para que nosotros humillemos nuestra alma delante de Dios, confiando en que, por Su amor y providencia, nos proveerá los medios y la fortaleza necesarios para abandonar aquello que nos separa de Él.

Esto está bellamente ilustrado en la primera experiencia de separación entre el hombre y Dios. En el mismo Génesis, cuando Adán y Eva pecan y se esconden, Dios le pregunta a Adán en Génesis 3:9: «¿Dónde estás?». Y en Génesis 3:11 le vuelve a preguntar:

¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del que yo te mandé no comieses?. Genesis 3:11

Es evidente que Dios no les preguntaba para obtener información que ya conocía, sino que les estaba dando una oportunidad para la confesión.

Gracias al sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, la Biblia está llena de promesas para quienes deciden someterse al poder sanador y transformador del Espíritu Santo. En 1 Juan 1:9 leemos:

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9

La salvación es por fe, lo que significa que creemos que Dios nos perdona y nos levantamos restaurados. Sé lo que podrías estar pensando: «La teoría está impecable, pero la práctica es otra cosa. He fallado tantas veces». Sí, entiendo perfectamente. En relación con esto, quiero decirte dos cosas:

En primer lugar, se trata de una cuestión de voluntad, de entrega. Si le confiesas tu pecado a Dios y derramas tu alma ante Él con sinceridad, sucederán dos cosas:

  1. O dejarás de orar.
  2. O tarde o temprano abandonarás el pecado.

No te rindas. No en vano Apocalipsis 14:12 describe a los salvos diciendo:

He aquí la paciencia de los santos. Apocalipsis 14:12

Y, ¿qué es paciencia sino perseverar en la entrega y el arrepentimiento?

En segundo lugar, si estás luchando por seguir a Cristo, nunca te desanimes por cualquier caída. ¿Qué pasa si volvemos a caer? ¿Es que no fue sincero nuestro arrepentimiento?

No es lo mismo caer en el pecado que practicar el pecado.

Juan dice en 1 Juan 3:9 y en 5:18 que «el que es nacido de Dios, no practica el pecado». Pero el mismo autor también nos dice en 1 Juan 2:1:

Estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 1 Juan 2:1

Nuestra tarea es entregar nuestras almas impotentes a nuestro compasivo Redentor, tal como somos: seres falibles y pecaminosos. No debemos confiar en nosotros mismos ni en nuestras buenas obras.

Debemos conectarnos con el Creador de nuestra existencia, llevándole no solo nuestras cargas y preocupaciones, sino también nuestras culpas, vergüenzas y, sobre todo, nuestro deseo de cambiar con Su ayuda. Así, encontraremos descanso en Él.

Esta confesión autoriza al Espíritu Santo a realizar un milagro en nosotros, llevándonos al cuarto paso para que el arrepentimiento sea genuino y la obra del Espíritu Santo dé fruto en nuestra vida.

El cuarto paso: El abandono del pecado.

Este es el gran secreto del triunfo del cristiano. Para nosotros es imposible agradar y obedecer a Dios, pero para Él, nada es imposible. Si permitimos que el Espíritu Santo nos guíe en todo el proceso, Él nos llevará de triunfo en triunfo.

En Romanos 8:13 se nos dice:

Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Romanos 8:13

Y en Filipenses 2:13:

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13

Tres aspectos importantes sobre el proceso de arrepentimiento

  1. Es una obra del Espíritu Santo, como ya ha quedado claro hasta este punto.
  2. Cuando el arrepentimiento es genuino, obra del Espíritu Santo, la tristeza que sentimos es sobre el pecado, no sobre las consecuencias del mismo. Es esa tristeza por el pecado lo que transforma nuestra naturaleza. Lo que antes nos agradaba, ahora no deseamos practicarlo, simplemente porque nos separa de Dios.
  3. Deben manifestarse las cuatro etapas para que el arrepentimiento sea genuino.

Es posible que conozcamos que estamos haciendo algo mal y resistamos al Espíritu Santo. Lo que antes incomodaba nuestra conciencia, puede que ya no lo haga. Resistiéndole al Espíritu Santo, nuestra conciencia puede llegar a cauterizarse.

También podemos conocer y sentir tristeza, pero resistir al Espíritu Santo, de manera que la tristeza desaparezca con el tiempo. ¿Es posible confesar sin tristeza? Por supuesto. En el capítulo 7 de Josué se relata la historia de Acán. 

Si no conoces la historia, te la resumo: Acán desobedeció a Dios tomando objetos de valor del botín de la conquista de Jericó, lo cual estaba prohibido. Era anatema. Cuando el pueblo de Israel enfrentó a la ciudad de Hai, sufrió una derrota inesperada, y Dios reveló a Josué que la causa era la desobediencia de alguien. 

En el versículo 12, Dios declara que no estaría con ellos hasta que se destruyera el anatema. Mediante un proceso de eliminación, se descubrió que Acán era el culpable.

Acán confesó su pecado y reveló dónde había escondido los objetos robados. No obstante, su confesión no fue originada por la tristeza del Espíritu Santo, sino porque había sido descubierto, y buscaba evitar el castigo. Finalmente, Acán fue ejecutado y sus posesiones fueron destruidas.

Cuando la tristeza no proviene del Espíritu Santo, genera remordimiento, que puede llevar a la desesperación, como ocurrió con Judas. Por ello, 2 Corintios 7:10 dice:

Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación; pero la tristeza del mundo produce muerte. 2 Corintios 7:10

¿Es posible sentir tristeza sin abandono del pecado?
Sí, como le ocurrió a Esaú, tal como relata Hebreos 12:16-17, donde se menciona que «no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.»

16 no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. 17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. Hebreos 12:16-17

Es posible que cualquiera de las cuatro etapas ocurra sin que se manifieste un arrepentimiento genuino si resistimos al Espíritu Santo.

¿Es posible abandonar el pecado sin tristeza o convicción?
Claro, por interés. Podemos abandonar el pecado por conveniencia, por imagen, por miedo a ser descubiertos o para ser aceptados en un grupo. Pero eso no es arrepentimiento.

Una pequeña reflexión

¿Cómo podría el Espíritu Santo convencerte, entristecerte, llevarte a confesar y abandonar un pecado, si tú crees que la ley de Dios ya no existe, o que no necesitas guardarla porque Cristo la guardó por ti, o que fue modificada?

Es una estrategia ingeniosa del enemigo, ¿no te parece? Te dejo esta reflexión para que la consideres.

Conclusión

Si el arrepentimiento proviene de Dios, lo sabremos porque se darán los cuatro pasos y porque ocurrirá un milagro: el poder de Dios, que es amor, se manifestará en nosotros. ¿Sabes cuál es el poder del amor? El poder de transformar vidas a la imagen y semejanza de nuestro Creador. 

Esta transformación diaria no es otra cosa que el bautismo del Espíritu Santo, del cual hable en un post anterior.

En Jeremías 17:7-8 se nos dice:

7 Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. 8 Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. Jeremías 17:7-8

Por eso Jesús en Mateo 3:8 dijo:

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento. Mateo 3:8

Y en Gálatas 5:22, Pablo aclara que el fruto es del Espíritu, no nuestro.

22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Gálatas 5:22

No te olvides de perderte ningún post, porque sin duda alguna, comprender estos temas puede ser crucial para tu salvación eterna y la de tu familia. Al entender lo que hemos discutido, sabrás que solo tienes el fracaso asegurado por tus propios medios. 

Pero si permites al Espíritu Santo trabajar en tu vida, como dice Romanos 8:37:

somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Romanos 8:37:

Nos vemos en el próximo post.

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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Los 10 MANDAMIENTOS #3 – El FIN de la ley es Cristo (Rom. 10:4)

Hay un versículo muy corto pero muy famoso, por ser el rey de los textos utilizados hasta el hartazgo para argumentar sobre el fin de la ley.

El texto en cuestión es Romanos 10:4, que dice:

porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Romanos 10:4

En este post, vamos a analizar este texto desde varios puntos de vista para poder dejar el tema bien claro de una vez por todas.

Significado de la palabra telos

Tal como mencionamos al principio, muchos teólogos han utilizado el texto de Romanos 10:4, que dice: «el fin de la ley es Cristo», para argumentar que Cristo marca el fin de la ley.

La discusión gira en torno a la palabra griega telos, que puede tener dos significados.

Aquellos que sostienen que Cristo puso fin a la ley, argumentan que Pablo usó telos en el sentido de «finalización» o abrogación de la ley. En cambio, quienes defienden que la ley sigue vigente, afirman que Pablo empleó telos en el sentido de «propósito» o «objetivo», es decir, la razón de ser de la ley.

Como hemos visto, la palabra telos puede significar tanto «finalización» como «propósito», y dependiendo de cuál de los dos significados tenía en mente Pablo, el sentido del versículo cambia completamente. 

En este post, exploraremos numerosos argumentos que nos ayudarán a entender lo que Pablo realmente quiso decir. Para ello, analizaremos únicamente el uso de la palabra telos en oraciones con la misma estructura gramatical de Romanos 10:4, ya que la sintaxis es crucial para entender el significado de telos.

Nos enfocaremos en situaciones donde telos se refiere a algo específico, y desarrollaremos el análisis en cuatro etapas:

  • Los pensadores célebres de la literatura griega.
  • Los padres de la Iglesia y reformadores.
  • Otros textos del Nuevo Testamento.
  • Lo que Pablo dice sobre la ley en Romanos.

Los pensadores célebres de la literatura griega

Sócrates sostenía que «El telos del hombre es vivir de acuerdo a la razón«, refiriéndose claramente al objetivo primordial del ser humano: actuar según la razón. 

Además, afirmaba que «El telos de la filosofía es el conocimiento de uno mismo y del mundo que nos rodea«. Estas declaraciones demuestran que Sócrates consideraba el telos como el propósito o la finalidad de la existencia humana y de la filosofía.

De manera similar, Platón expresaba que «El telos de la religión es la salvación«, «El telos de la filosofía es la sabiduría» y «El telos de la música es la armonía«. En cada uno de estos casos, Platón atribuía a la palabra telos el significado de objetivo o propósito último de las disciplinas que mencionaba.

Aristóteles, por su parte, también utilizaba la misma estructura gramatical en varias de sus sentencias, asignando a telos el significado de propósito. Decía que «El telos de la educación es la virtud«, «El telos de la retórica es persuadir» y «El telos de la poesía es la emoción«. 

Así, podemos observar que Aristóteles, al igual que sus predecesores, consideraba el telos como el objetivo o finalidad de los aspectos que describía.

Además de estos tres grandes filósofos, otras figuras destacadas del mundo griego también recurrían al término telos con el mismo sentido. Heródoto afirmaba que «El telos de la historia es la verdad«, mientras que Pericles sostenía que «El telos de la democracia es la libertad«. 

Este uso generalizado del término en la misma estructura sintáctica que encontramos en Romanos 10:4 refuerza la idea de que telos se empleaba comúnmente para referirse a un propósito o causa final.

Es cierto que algunos teólogos afirman que en la literatura griega telos puede referirse a la «finalización» en un sentido temporal, pero este uso suele darse en estructuras sintácticas diferentes. 

Un ejemplo sería la frase «Y entonces vendrá el fin«, que claramente se refiere a la conclusión de algo y no tiene relación con la estructura de Romanos 10:4.

Otra excepción puede encontrarse cuando el fin o la terminación coinciden con el propósito, como en «el telos del embarazo es el nacimiento» o «el telos de la carrera es llegar a la meta«. En estos casos, aunque se hable de un final, se entiende que este está alineado con el propósito o el objetivo.

No es casualidad que la palabra «teleología», derivada de telos, esté definida por la Real Academia Española como «la doctrina sobre las causas finales». Esto refuerza la idea de que el telos de la ley, es decir, su causa o razón de ser, es Cristo.

En conclusión, el uso de la expresión «el telos de» para indicar el propósito u objetivo de las cosas era tan habitual entre los hablantes griegos que el texto de Romanos 10:4 no resultaba ambiguo para ellos.

Los Padres de la Iglesia y Reformadores

San Agustín (354-430), uno de los pensadores más influyentes del cristianismo en los primeros siglos, al comentar sobre Romanos 10:4, expresó:

«¿Qué significa que Cristo es el fin de la ley? ¿Acaso significa que Él ha venido a abolir la ley? No, en absoluto.»

También afirmaba: «La ley no fue dada a los hombres para justificarlos, sino para mostrar su pecado y la necesidad de un Salvador.»

Esta interpretación coincide con la enseñanza de otros Padres de la Iglesia, como Santo Tomás de Aquino (1225-1274), uno de los más grandes teólogos y un influyente pensador cristiano. Comentando sobre Romanos 10:4, opinaba: «El propósito de la ley es llevar a los hombres a la justicia, es decir, a la fe, que es por medio de Cristo.»

En todos estos casos, dejo a disposición el texto completo y las referencias correspondientes por si se desea consultarlas.

En la misma línea de pensamiento encontramos a Martín Lutero (1483-1546), el protagonista más destacado de la Reforma. Interpretando Romanos 10:4, Lutero afirmaba:

«La ley conduce a Cristo, de modo que todo el que es justificado por Él ya no está bajo la ley, como se menciona en Gálatas 3:24: ‘La ley fue nuestro tutor hasta Cristo’.» Añadía además: «Por eso, la ley también es llamada portento de la fe… nos conduce a donde Cristo pueda encontrarnos.»

Esta postura coincide con otros reformadores, como Calvino (1509-1564), quien sostenía que «los Diez Mandamientos… no perdieron su vigencia con la venida de Cristo.»

Estos son solo algunos ejemplos de Padres de la Iglesia y reformadores que comparten la misma perspectiva que buscamos demostrar en este análisis.

Otros textos del Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento existen dos versículos que presentan exactamente la misma estructura gramatical que Romanos 10:4, en los cuales el telos de algo es claramente determinado.

Uno de ellos es 1 Timoteo 1:5, que dice: 

Pues el propósito (telos) de este mandamiento es el amor nacido de un corazón limpio. 1 Timoteo 1:5

La mayoría de las versiones traducen directamente la palabra telos como «propósito».

Otro ejemplo se encuentra en 1 Pedro 1:9, donde se menciona:

Obteniendo el propósito (telos), el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. 1 Pedro 1:9

En el cual también el significado de telos es «propósito», ya que lo que el texto señala es que el propósito de la fe es nuestra salvación.

Pasemos ahora al último punto, donde analizamos el contexto inmediato.

Lo que Pablo dice sobre el tema en el mismo libro de Romanos

A pesar de que la literatura griega de la época, muchos padres de la Iglesia y reformadores, así como los textos del Nuevo Testamento, otorgaban a la palabra telos el significado de «objetivo» o «finalidad» en oraciones con la misma estructura que Romanos 10:4, vamos a suponer por un momento que, aun así, Pablo quiso darle en Romanos 10:4 a la palabra telos el significado de «finalización» o «terminación».

Para concluir que Pablo afirmó que Cristo es el final de la ley, necesitaríamos encontrar evidencia de que Pablo habló negativamente de la ley y, por lo tanto, consideraba necesario que Cristo le pusiera fin.

Sin embargo, solo considerando desde el capítulo 7 de Romanos en adelante, vemos que Pablo dice en el versículo 12 que la ley es santa:

De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. Romanos 7:12

En Romanos 7:14 afirma que la ley es espiritual:

Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Romanos 7:14

En el versículo 16 menciona que la ley es buena, y en el versículo 22 declara que se deleita en la ley de Dios.

16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 22  Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios. Romanos 7:16,22

En Romanos 8:4, Pablo manifiesta su deseo de que la justicia de la ley se cumpla en nosotros.

para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Romanos 8:4

En Romanos 9:4, incluye la promulgación de la ley entre una lista de cosas buenas como la adopción, la gloria, el pacto, el culto y las promesas. Y en Romanos 9:31, llama a la ley «ley de justicia».

4 que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas. 31 mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. Romanos 9:4,31

Con tantas afirmaciones positivas y elogios hacia la ley, resulta muy difícil pensar que Pablo estuviera diciendo que Cristo pondría fin a algo tan bueno, justo y santo.

Ahora, surge una pregunta:
Si la salvación no es por obras (y en esto estamos todos de acuerdo), sino por los méritos y la sangre de Jesucristo, ¿por qué Pablo habla de la ley como algo verdadero, santo, espiritual, bueno y digno de deleite? La respuesta es clara. 

Tal como dice Romanos 10:4: «El telos, es decir, el propósito de la ley, es Cristo, para justicia de todo aquel que cree».

Esto tomando en cuenta solo el contexto inmediato de Pablo. Si consideramos lo que él escribió en otros libros sobre la ley, encontraremos muchos otros ejemplos similares. No obstante, solo quiero destacar uno en Gálatas 3:24, donde Pablo escribe: 

De manera que la ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe. Gálatas 3:24

¡Qué coincidencia tan notable! Es la misma idea que intentamos demostrar en este post, solo que aquí Pablo lo expresa con palabras mucho más claras e irrefutables, para evitar ser malinterpretado. 

En Romanos 10:4, Pablo dijo que el telos de la ley, es decir, el propósito, el objetivo o la finalidad de la ley, es Cristo. Precisamente por eso, en Gálatas 3:24, Pablo dice que la ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo. Más claro, imposible. ¿Lo ves?

Sé lo que estás pensando. «Pero yo no puedo guardar la ley, Christian, y tú tampoco». Lo sé, y es cierto. De la misma manera que ni tú ni yo podemos vivir la vida perfecta que vivió Jesús para darnos su ejemplo.

Pero la salvación consiste en «dejar que el amor de Cristo nos transforme a través del Espíritu Santo a su imagen y semejanza». Ninguno de nosotros podrá jamás decir: «mi vida es perfecta como lo fue la vida de Cristo». Sin embargo, cuanto más nos relacionamos con Cristo, más podrá el Espíritu Santo transformar nuestra vida a su imagen y semejanza.

¿En qué sentido fue perfecta la vida de Cristo? En que guardó la ley. Bajo el mismo criterio, es en base a la ley de Dios que mostramos nuestro amor por Él, nuestra fidelidad, y permitimos que transforme nuestras vidas a su imagen y semejanza.

Termino con una idea muy simple para que reflexiones en ella:
Jesús dijo en Juan 14:15: 

Si me amáis, guardad mis mandamientos. Juan 14:15 

Así que, si fueras el enemigo, lo primero que harías, ¿no sería intentar que los seguidores de Jesús se apartaran de los mandamientos?

Si Pablo dice que la ley es un guía que nos lleva a Cristo, si fueras el enemigo, lo primero que harías, ¿no sería intentar que los seguidores de Cristo desconozcan ese guía, diciendo que ya no existe?

Hasta aquí este post. Recuerda que la comprensión de estos temas puede estar relacionada con tu salvación eterna, porque como dice Romanos 10:17:

La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios. Romanos 10:17

Nos vemos en el próximo post.

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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SIGNIFICADO del número 7 en la BIBLIA. #1

En el libro de Apocalipsis, el número siete aparece tantas veces que parece indispensable conocer su significado para entender la estructura del libro.

Acompáñame al apasionante mundo del significado de los números en la Biblia.

El numero 7 en la Biblia

El número siete o las series de siete aparecen tan frecuentemente en el libro de Apocalipsis que, incluso al lector más casual, le resulta evidente que este número tiene una relevancia central en el texto. Ya desde el primer capítulo encontramos referencias a:

  • Siete espíritus (Apocalipsis 1:4),
  • Siete candeleros (Apocalipsis 1:12),
  • Siete estrellas (Apocalipsis 1:16)

Posteriormente, en el versículo 20, se nos aclara que las siete estrellas representan siete ángeles.

A medida que avanzamos en el libro, la lista de menciones del número siete continúa creciendo, incluyendo:

  • Siete cuernos (Apocalipsis 5:6),
  • Siete ojos (Apocalipsis 5:6),
  • Siete truenos, entre otros (Apocalipsis 10:3).

Sin embargo, las series de siete más significativas en el Apocalipsis son cuatro, que, debido a su longitud y extensión, constituyen la columna vertebral de la obra. Estas series ocupan más de la mitad de los 22 capítulos del libro y son las siguientes:

  • Las siete iglesias,
  • Los siete sellos,
  • Las siete trompetas,
  • Las siete copas.

No obstante, la aparición del número siete no se limita únicamente al libro de Apocalipsis. En el resto de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, encontramos este número presente de diversas maneras. 

Desde el mismo inicio, en el Génesis, Dios crea el mundo en siete días, y posteriormente se mencionan siete pares de animales limpios en el arca (Génesis 7:2). En Proverbios 6, se enumeran las siete cosas que el Señor odia.

El propio Jesús utilizó series de siete en varias ocasiones. Algunos ejemplos son:

  • Las siete bienaventuranzas del sermón del monte,
  • Los siete «ayes» de Mateo 23,
  • Los siete «Yo soy» en el evangelio de Juan.

Y así podríamos continuar, enumerando múltiples ejemplos que reflejan la recurrencia y simbolismo del número siete.

El 7, «plenitud» o «perfección»

Muchos teólogos y estudiosos de la Biblia coinciden en que el número siete representa plenitud o perfección. Y, aunque esto es correcto, limitar la explicación del número siete únicamente a este concepto sería subestimar el profundo significado y las múltiples enseñanzas que encierra. 

El siete, en muchos casos (aunque no en todos), es un símbolo numérico que Dios emplea de manera magistral, dotándolo de un gran simbolismo que abarca más allá de lo evidente.

La primera pregunta que nos hacemos es: ¿En qué sentido el número siete representa la plenitud?

Una manera de entender esta plenitud es la siguiente: si consideramos el progreso desde el número 1 hasta el 6, percibimos un proceso de avance, de crecimiento o de desarrollo. Sin embargo, en el número siete, es cuando Dios interviene, completando aquello que estaba incompleto, llevando a la totalidad y perfección lo que comenzó.

No obstante, Dios no solo expresa este concepto de plenitud de manera abstracta, sino que nos enseña repetidamente que, en efecto, el siete simboliza Su intervención directa. 

Es decir, la obra de Dios no solo culmina aquello que estaba incompleto, sino que lo transforma y lo hace pleno, llevando al ser humano y a su creación hacia un estado de totalidad.

Sin embargo, esta intervención de Dios que nos hace completos no se trata simplemente de una suma, como si añadiera lo que faltaba de manera mecánica. Al contrario, Su intervención es profunda y transformadora, y ocurre de esta forma:

Es decir, sin Su intervención, nosotros no somos nada. Sin Su intervención, nuestros esfuerzos son en vano. Veamos algunos ejemplos: La historia de Naamán el leproso: 

Para quienes no conocen la historia, aquí les dejo la referencia (2 Reyes 5). Naamán tuvo que sumergirse siete veces en el río. Sin embargo, no es que al salir por primera vez ya estuviera un poco menos leproso, ni que a la segunda inmersión mejorara un poco más. 

De hecho, durante las primeras seis inmersiones, Naamán continuó igual de leproso que antes de sumergirse. Fue en la séptima inmersión cuando, por la intervención divina, fue completamente sanado. 

La conquista de Jericó: Dios ordenó al pueblo de Israel que diera vueltas alrededor de la ciudad durante siete días, y fue en el séptimo día cuando los muros se derrumbarían y la ciudad sería conquistada. 

Nuevamente, observamos el mismo patrón. No ocurrió que, tras la primera vuelta, los muros comenzaron a agrietarse, ni que se desgastaran gradualmente con cada vuelta. No. Durante seis días, el pueblo caminó sin que nada sucediera, pero en el séptimo día, Dios derribó los muros y permitió que la ciudad fuera tomada. 

Estos ejemplos ilustran que es en el séptimo —en el momento de la intervención divina— donde encontramos la plenitud y el cumplimiento de las promesas de Dios. Sin Su acción, nuestras acciones y esfuerzos carecen de efectividad.

Patrones didácticos que Dios utiliza en las series de siete para enseñarnos verdades espirituales

Veamos cuántas enseñanzas podemos extraer de estas historias y lo que enseñan sobre el número siete.

Primera enseñanza:

El ser humano, por sí solo, no puede hacer absolutamente nada. Es imposible alcanzar la plenitud o completar cualquier tarea sin la intervención divina.

Segunda enseñanza: 

Pregunta: Si Naamán no hubiese obedecido al profeta Eliseo y no se hubiese sumergido en el agua, ¿Dios lo hubiese curado?
Respuesta: No.
Pregunta: Si el pueblo de Israel no hubiese obedecido a Dios y no hubiese dado vueltas alrededor de la ciudad como Él mandó, ¿habrían conquistado la ciudad?
Respuesta: No.

Aquí tenemos la segunda enseñanza: La gracia de Dios trabaja sobre la fe. Nosotros no podemos hacer nada para triunfar; solo debemos confiar y obedecer a Dios. Esta relación entre gracia y fe es una maravillosa ilustración que clarifica conceptos que a menudo se han debatido, como la salvación por obras, la fe y la gracia.

Es Dios quien nos salva, quien nos cura y nos libera del pecado a través de la sangre de Cristo. Recuerden que fue en la cruz donde nuestros pecados fueron expiados y redimidos. Así como Dios curó la lepra de Naamán, también fue Él quien derrumbó las murallas de Jericó.

Nosotros no podemos hacer absolutamente nada para ser limpios y liberarnos de la esclavitud del pecado, de la misma manera que Naamán no podía curarse de la lepra, sin importar cuántas veces se hubiese sumergido en el agua. Y así como el pueblo de Israel no podía conquistar Jericó, sin importar cuántos días hubieran girado alrededor de la ciudad.

Lo único que tenemos que hacer es tener fe en Dios, cultivando una relación con Él tan firme que nos lleve a confiar en Su palabra y a seguir las instrucciones de Dios.

Así como Naamán obedeció a Eliseo, y así como el pueblo de Israel obedeció a Dios.

Tercera enseñanza:

Lo que Dios pide hacer no tiene ningún sentido sin fe. Repito: es totalmente ridículo para quien no tiene fe, porque el sentido de lo que Dios pide es espiritual. Naamán encontró tan ridículo lo que Eliseo le pedía, que se enojó. Si no hubiera sido por la persuasión de sus criados, se habría ido sin obedecer.

El creyente obedece por fe, muchas veces sin entender, y en ocasiones lo hace al comprender el significado del rito o símbolo.

Antes de avanzar a la cuarta enseñanza, quiero señalar que estos principios también fueron enseñados por Dios a través de numerosas historias y símbolos, que no necesariamente utilizan el número siete.

Por ejemplo, consideremos el caso de la salida de los hebreos de Egipto. En la décima y última plaga, Dios les indicó que debían sacrificar un cordero y pintar su sangre en el umbral de cada casa para que los primogénitos que se encontraban dentro fueran salvados.

1ª Enseñanza: El ser humano, por sí solo, no puede hacer absolutamente nada. No había forma física en la que ningún humano pudiera defenderse por sus propios medios del ángel destructor que pasó por todo Egipto, llevando a cabo la muerte de todos los primogénitos, tanto de hombres como de bestias.

2ª Enseñanza: La gracia de Dios trabaja sobre la fe. Era necesario hacer lo que Dios pedía para poder ser salvo. No bastaba con creer en Dios o ser hijo de Abraham; si no pintaban el portal con sangre, los primogénitos que se encontraban en ese hogar no podrían salvarse.

3ª Enseñanza: Lo que Dios pidió hacer no tenía ningún sentido, a menos que se comprendiera el significado del símbolo. Los hebreos obedecieron sin entender completamente, como nosotros ahora lo entendemos mucho mejor después de haber visto a Cristo derramando Su sangre por nosotros en la cruz.

Ahora, volvamos a la serie de siete para continuar comprendiendo los principios o patrones que Dios nos quiere enseñar.

Cuarta enseñanza:

Cuando Dios utiliza una serie de siete como simbología didáctica, el séptimo es completamente diferente a los otros seis.

Esto se puede notar desde el comienzo en la primera serie de siete que nos presenta la Biblia: los siete días de la semana de la creación. Dios utilizó cada día para crear el mundo, y en Génesis 2:2-3 se dice que Él acabó la obra en el séptimo día. Este día es totalmente distinto a los demás, porque en él, Dios reposa, lo bendice y lo santifica.

Un patrón similar se observa en la historia de Naamán, donde en la séptima sumergida es cuando se cura completamente. También en la conquista de Jericó, el séptimo día era completamente diferente a los otros seis, ya que debían dar siete vueltas en lugar de una, lo que resultó en la liberación.

En el libro de Apocalipsis, esta distinción se evidencia en los sellos: en el capítulo 6, se describen lo que ocurrirá en cada uno de los seis sellos, y más adelante, en el capítulo 8, se menciona el séptimo sello, que es totalmente separado y diferente a los otros seis, describiéndolo simplemente como media hora de silencio.

Lo mismo ocurre con las trompetas, donde las seis son descritas en los capítulos 8 y 9 de Apocalipsis, y luego se habla de una séptima trompeta, totalmente diferente a las otras seis, al final del capítulo 11.

Estos son solo algunos ejemplos que analizaremos a lo largo de esta serie de posts para entender los patrones que Dios explica a través de esta metodología didáctica, lo que nos ayudará a comprender mejor la estructura del Apocalipsis, ya que está basada en series de siete.

Quinta enseñanza:

A veces, Dios utiliza los seis primeros como figura y sombra del séptimo. Así, cada uno de los primeros seis muestra un aspecto diferente del séptimo, siendo el séptimo el verdadero, el pleno o el completo.

Un detalle muy importante: en la simbología o series de siete que Dios utiliza para enseñarnos lecciones espirituales, NO SIEMPRE SE DAN TODAS LAS ENSEÑANZAS O APLICACIONES, ya que la simbología puede aplicar a algunas de ellas, pero no a todas. 

Estos principios son evidentes en series de siete tan obvias como las de los sellos y las trompetas, y en otras que quizás no sean tan evidentes. Veamos algunos ejemplos:

El cuerpo humano

En Génesis 2:7 se menciona que Dios formó al hombre del polvo de la tierra.

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra… Génesis 2:7

Este acto divino organiza al cuerpo humano en seis niveles de organización. Aunque en ocasiones se pueden incluir subniveles, generalmente se reconocen seis niveles principales en la estructura del cuerpo humano:

  1. Átomos: Constituyen el primer nivel y forman moléculas.
  2. Moléculas: Estas forman el segundo nivel, que da origen a las células.
  3. Células: Representan el tercer nivel, las cuales se agrupan para formar tejidos.
  4. Tejidos: Este es el cuarto nivel, que se organizan en órganos.
  5. Órganos: Constituyen el quinto nivel y se combinan para formar sistemas o aparatos, que son el sexto nivel.

Sin embargo, Génesis 2:7 continúa afirmando que el hombre fue “completado” con el séptimo nivel: el aliento de vida que Dios sopla en su nariz.

…sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente. Génesis 2:7

A partir de este pasaje, se pueden extraer las siguientes enseñanzas:

  1. Incompletud sin el séptimo nivel: No importa que los seis niveles del ser humano estén perfectamente formados; sin el séptimo, el ser humano es simplemente un ser inanimado, un cuerpo muerto. La verdadera vida se manifiesta solo cuando se completa con el séptimo nivel: el aliento de vida que Dios sopla en su nariz.

  2. Intervención divina: Así como la gracia de Dios opera en relación con nuestra fe, el Espíritu de vida solo puede actuar sobre un cuerpo que está debidamente formado y funcional. Fuera de esta estructura, la acción divina es imposible.

  3. Perspectiva del no creyente: Para aquellos que no creen, este concepto puede carecer de sentido, ya que no reconocen la intervención de Dios en la vida del ser humano.

  4. Diferencia del séptimo nivel: Por último, el séptimo nivel es completamente diferente a los otros seis. Representa un elemento esencial que transforma la mera existencia física en vida plena y espiritual.

6 líderes nacidos de forma milagrosa

Un ejemplo adicional, aunque profundamente bíblico, a menudo pasa desapercibido en su significancia: en la Biblia, encontramos a seis primogénitos varones nacidos de manera milagrosa, ya que fueron concebidos por mujeres estériles. 

Todos ellos fueron grandes líderes del pueblo de Dios y representan diversas características de Cristo.

  1. Isaac: Es quizás la representación más impactante del Mesías, simbolizando al cordero que es llevado al matadero cuando su padre Abraham, por mandato de Dios, lo llevó a sacrificio.

  2. Jacob: Aunque nació junto a su hermano Esaú, logró obtener la primogenitura. Al igual que Jacob tuvo doce hijos que se convirtieron en los fundadores de las doce tribus de Israel, Cristo también eligió a doce discípulos para establecer el Israel espiritual.

  3. José: Al igual que Jesús, fue traicionado y entregado por sus hermanos, pero posteriormente los perdonó y los bendijo. José fue injustamente acusado y encarcelado, pero Dios lo liberó y lo exaltó a una posición de autoridad y poder, similar a cómo Jesús fue acusado y condenado injustamente, pero Dios lo exaltó a su diestra.

  4. Sansón: Aunque su vida estuvo marcada por errores y debilidades, hay aspectos de su existencia que representan a Cristo. El ángel anunció su nacimiento como aquel que “salvaría a Israel” (Jueces 13:5), y el Espíritu del Señor lo dotó de fuerza sobrenatural. Al igual que Jesús realizó milagros y prodigios, Sansón nació para salvar a Israel del poder del pecado y la muerte. Para vencer a sus enemigos, Sansón entregó su vida, muriendo con los brazos extendidos, de la misma forma que Jesús dio su vida en la cruz para vencer a los poderes del mal.

  5. Samuel: Este profeta, sacerdote y juez de Israel también representa a Cristo. Al igual que Jesús, fue rechazado por el pueblo que pedía un rey.

  6. Juan el Bautista: Concebido tras una promesa milagrosa de un ángel del Señor (Lucas 1:13-17), proclamó el arrepentimiento y bautizaba con agua, simbolizando a Cristo, quien, llamando al arrepentimiento, bautizaría con el Espíritu Santo.

Este grupo de seis hombres, concebidos de forma milagrosa por madres estériles y, en muchos casos, de edad avanzada, es completado por un séptimo que perfecciona la serie: Cristo Jesús.

  1. Salvación: No importa cuán grandes fueran estos seis líderes, ni el legado que dejaron, ni el poder e influencia que ejercieron. Sin el séptimo, Cristo, ni ellos ni nosotros podríamos ser salvos.

  2. Gracia y obediencia: Las vidas de estos seis hombres demuestran que la gracia de Dios se manifestaba cuando seguían sus preceptos. En los momentos en que se alejaban de las instrucciones divinas, Dios no podía bendecirlos.

  3. Perspectiva de fe: La historia de estos personajes está repleta de sucesos que, desde una perspectiva humana, podrían parecer carentes de sentido. Sin embargo, cobran total significado cuando se analizan desde la fe.

  4. Diferencia del séptimo: Por último, el séptimo, Jesús, es totalmente diferente en todos los aspectos. Desde el milagro de su concepción, los seis primeros nacieron de mujeres estériles, mientras que el séptimo nació sin la intervención del varón, siendo concebido por el Espíritu Santo.

No te pierdas el próximo post de esta serie, que abordará un tema muy interesante: Los Pactos de Dios. Esta forma de comprender las series de siete te permitirá descubrir patrones divinos que revelan verdades importantes en el contexto del Apocalipsis.

Y ahora, cada vez que alguien mencione que el número siete significa perfección o plenitud, recordarás que nuestra verdadera perfección y plenitud provienen de Dios. Sin Él, no somos nada. Nos vemos en el próximo post.

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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El PERDÓN de DIOS – El PLAN de SALVACIÓN #1

El Apocalipsis ofrece una visión solemne sobre la segunda venida de Cristo y cómo Dios, en ese momento final, separará a la humanidad en dos grupos.

En Apocalipsis 20:4, se nos dice que, por un lado, estarán aquellos que recibirán tronos y la facultad de juzgar. Estos son los que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; ellos vivieron y reinaron con Cristo durante mil años. 

Vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar. Y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Apocalipsis 20:4

Por otro lado, en el versículo 15, se menciona a los que no están inscritos en el libro de la vida y, por ende, fueron lanzados al lago de fuego.

El que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego. Apocalipsis 20:15

Esta clara separación de la humanidad en dos grupos coincide con las enseñanzas de Cristo, quien también habló del tiempo del fin, como se encuentra en Mateo 25:31-46. 

En este pasaje, Jesús describe una separación entre las personas a su derecha y a su izquierda. En el versículo 34, a los de la derecha les dirá:

Vengan benditos de mi Padre, y reciban el reino preparado para ustedes. Mateo 25:34

Sin embargo, en el versículo 41, a los del grupo de la izquierda les dirá:

Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Mateo 25:41

La Biblia, a través de muchos de sus profetas, habla de estos dos destinos diferenciados para los seres humanos. Daniel, en el capítulo 12, versículo 2, lo expresa con claridad al decir que:

muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Daniel 12:2

Para aquellos que creemos en la palabra de Dios, es crucial comprender qué debemos hacer para estar del lado correcto en ese juicio final. Cuando algo es extremadamente importante, solemos decir que es «cuestión de vida o muerte». 

En este caso, la comprensión de este tema es aún más trascendental, ya que literalmente es una cuestión de vida eterna o de muerte eterna.

Por eso, este post es el primero de una serie imprescindible titulada «El plan de Salvación». Como introducción a esta lista, he considerado oportuno empezar con el tema del «Perdón de Dios», pues el plan de salvación comienza precisamente con el infinito amor de Dios manifestado en Su perdón.

El perdón de Dios

Con todas las enseñanzas de la Biblia, es fácil caer en dos extremos opuestos y perder el equilibrio necesario. El tema del perdón de Dios no es una excepción.

Por un lado, hay creyentes que viven bajo el peso aplastante de la culpa, incapaces de perdonarse a sí mismos y de ver claramente el perdón de Dios. Incluso si lo conocen, no creen que ese perdón los alcance. 

Esta realidad es mucho más común de lo que solemos pensar en el cristianismo. De hecho, muchos cristianos no se perciben a sí mismos como salvos, y ¿qué es no sentirse salvo, sino no sentirse perdonado?

Por otro lado, existen aquellos que, al descubrir el infinito amor de Dios manifestado en su perdón, llegan a la conclusión errónea de que no importa lo que hagan o cómo vivan, pues, al final, ese perdón los alcanzará de todas maneras. 

Este concepto, por supuesto, es completamente contrario a lo que enseñan los versículos que hemos citado en la introducción de este post y a muchos otros pasajes bíblicos.

Mi intención es profundizar en esta temática a lo largo de esta serie de publicaciones. Sin embargo, en este post, quiero centrarme en describir el perdón de Dios, con la plena certeza de que me quedaré corto en el intento, como un niño que trata de vaciar el océano con su pequeño balde de juguete.

Para empezar, me gustaría analizar el significado del verbo «perdonar» a través de su etimología. La etimología de las palabras es fascinante, porque nos revela muchas verdades profundas.

El verbo «perdonar» está compuesto por dos elementos: el prefijo «per-» y el verbo «donar».

El verbo «dar» implica entregar algo, pero esa entrega no siempre es voluntaria o desinteresada. Puedo entregar algo porque lo debo, porque me lo pagaron, o porque es una obligación. 

Sin embargo, «donar» es diferente. Donar siempre significa entregar algo sin recibir nada a cambio, es un acto de generosidad absoluta. Toda donación es, en esencia, un regalo.

En el verbo «perdonar», la palabra «donar» está precedida por el prefijo «per-«. Este prefijo añade una dimensión de completitud. Por ejemplo, la palabra «durable» se refiere a algo que dura, pero «perdurable» significa algo que dura mucho tiempo. 

Seguir a alguien significa caminar detrás de una persona, pero «perseguir» lleva el significado mucho más allá, dotándolo de una intensidad mayor.

Así, cuando hablamos del perdón de Dios, estamos describiendo una donación completa, un regalo que no se basa en méritos, sino en la gracia infinita de Dios, y que es capaz de abarcar la totalidad de nuestras faltas y restaurarnos completamente.

 

Así que, por definición, el perdón es una donación, pero de manera superlativa. No es algo parcial ni una simple disculpa; debe ser completo y perfecto. 

Partiendo de esta comprensión, quiero recalcar que el perdón de Dios no tiene comparación con el nuestro. Aunque fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y compartimos muchas características con nuestro Creador, el perdón de Dios está en una dimensión completamente diferente. 

Por ejemplo, Dios nos llama a ser santos como Él es santo, pero Su santidad es intrínseca a Su naturaleza divina, mientras que la nuestra es una imitación limitada. 

También, nosotros participamos en la creación al procrear hijos, pero la capacidad de Dios para crear vida es incomparable, pues Él crea de la nada, con solo Su palabra. 

Del mismo modo, aunque podemos perdonar porque fuimos hechos a Su imagen, nuestro perdón no se asemeja al de Dios. ¿En qué sentido es diferente el perdón de Dios? En todo. 

Por ejemplo, cuando nosotros perdonamos, la relación no siempre se restaura completamente, pero cuando Dios perdona, Él restaura la relación por completo. 

Nosotros no tenemos el poder de quitar la culpa, pero Dios sí lo hace. Además, nuestro perdón puede parecer barato; perdonar a alguien puede no costarnos mucho. Sin embargo, para Dios, el perdón fue costoso, extremadamente costoso. 

Si alguien te roba una bicicleta y decides perdonarlo, te habrá costado una bicicleta. Pero en el caso de Dios, como el Juez del universo, el precio del perdón fue infinitamente mayor. 

Entonces, ¿cómo es posible que Dios, que odia el pecado, siga amando al pecador? ¿Cómo puede hacer culpable al inocente para que el culpable se convierta en inocente? ¿Cómo puede restaurar una relación rota a través del perdón y, además, quitar la culpa ante Él, ante nosotros mismos y ante el universo?

¿Cómo es posible que un ser Todopoderoso, Perfecto y Santo se preocupe por borrar las iniquidades de seres indignos como tú y yo, y a un precio tan alto?

El perdón de Dios es tan vasto y tan profundo que en la Biblia se expresa mediante cuatro palabras claves: propiciación, redención, remisión y expiación. 

Estas cuatro palabras, aunque parezcan complejas, describen diferentes aspectos del perdón divino, y todas ellas encuentran su plenitud en la obra de Cristo en la cruz.

Estas palabras provienen del ámbito jurídico, porque la Biblia, en gran medida, utiliza un lenguaje legal. En las Escrituras se habla de juicios, de pactos que son contratos, de Satanás como acusador o fiscal, de un juez y de un abogado defensor. 

Y, cuando exploramos más profundamente el plan de salvación, descubrimos que el gran conflicto entre Jesús y Satanás es un conflicto legal. Es por esto que muchos profetas, y especialmente el libro de Apocalipsis, hablan tanto sobre el juicio, o mejor dicho, sobre los juicios, ya que hay más de uno.

Cada una de estas cuatro palabras tiene un significado diferente, pero todas ellas describen acciones que Cristo realizó en la cruz. Por lo tanto, si quieres entender verdaderamente el perdón de Dios, no puedes mirar en otra dirección que no sea la cruz de Cristo.

Es allí donde se revelan los misterios del perdón, donde Dios muestra cómo es posible redimir, restaurar y liberar al pecador a un precio tan alto: el sacrificio perfecto de Su Hijo.

Propiciación

El término «propiciación» es fundamental para comprender el perdón de Dios, aunque muchas veces se traduce como piedad, misericordia o perdón, lo que puede confundirnos sobre su significado más profundo. 

La palabra se encuentra en pasajes como la parábola del fariseo y el publicano en Lucas 18:13. 

Pero el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “Dios, sé propicio a mí, pecador.” Lucas 18:13

En este versículo, el publicano, lleno de remordimiento, se golpea el pecho y dice: «Se propicio a mí». Algunas versiones bíblicas lo traducen como «ten piedad de mí» o «ten misericordia», y aunque estas traducciones no son incorrectas, pierden el matiz técnico y profundo de la palabra propiciación.

La propiciación, en su forma original griega, es hilasmós, y su significado más exacto es «aplacar la ira de Dios». Dios, en su santidad, no puede tolerar el pecado; lo repudia porque ve las consecuencias destructivas que trae. 

 

El pecado es incompatible con Su naturaleza perfecta y, por ende, debe ser eliminado. La propiciación es, entonces, la acción mediante la cual se calma la justa ira de Dios hacia el pecado, no porque Dios sea vengativo, sino porque su santidad demanda justicia.

Imagina una situación donde un conductor ebrio atropella a un niño y el caso llega a juicio. Coincidentemente, el juez que preside el caso es alguien que, años antes, también perdió a su propio hijo en circunstancias similares. En este contexto, parecería imposible que el juez sea imparcial. 

Pero en el momento en que todo parece perdido para el acusado, se entera de que su abogado defensor es el hijo mayor del juez. Este abogado tiene la capacidad de mediar entre el juez y el acusado, con el conocimiento de la gravedad del caso, pero también con la posibilidad de aplacar la ira del juez.

Esta analogía nos ayuda a entender cómo Jesús, como nuestro abogado, intercede por nosotros ante el Padre. Él no solo intercede, sino que Él mismo es la propiciación por nuestros pecados. En 1 Juan 2:1-2 leemos:

1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo. 2 Él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. 1 Juan 2:1-2

Aquí, el apóstol Juan usa la palabra hilasmós para enfatizar que Jesucristo, en su sacrificio, aplaca la ira justa de Dios.

El amor de Dios es tan grande que, como explica Romanos 3:25, fue el propio Dios quien puso a su Hijo como propiciación a través de la fe en su sangre.

a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. Romanos 3:25

De hecho, en 1 Juan 4:10 se nos dice que:

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 1 Juan 4:10

Es mirando a la cruz que encontramos la seguridad del perdón de Dios.

Esta profunda verdad también se refleja en el Antiguo Testamento. El término «propiciación» nos conecta directamente con el «propiciatorio», la tapa de oro que cubría el Arca de la Alianza, como se menciona en Éxodo 25:17.

»Harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio. Éxodo 25:17

Este lugar, donde la sangre del sacrificio se esparcía para expiar los pecados de Israel, es un símbolo del papel de Cristo como propiciación por nuestros pecados.

Pasemos ahora a la segunda palabra clave en nuestro entendimiento del perdón divino.

Redención

La palabra griega para redención es apolútrosis, que significa «liberar pagando un rescate». Siguiendo con el ejemplo del hombre que conducía ebrio y atropelló a un niño, el juez no tiene más remedio que dictar un veredicto justo: «Culpable». 

Como juez justo, no puede pasar por alto el delito. Sin embargo, la sorpresa del universo es que el propio hijo del juez se ofrece como abogado del acusado. Pero lo que asombra aún más es que este hijo decide pagar la condena con su propia sangre.

Eso es exactamente lo que significa la redención: el acto de ser liberado por medio de un alto precio. En Apocalipsis 5:9, refiriéndose a los redimidos, se dice: 

Y con tu sangre nos has redimido. Apocalipsis 5:9

De manera similar, en Romanos 3:24 se menciona que somos:

justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. Romanos 3:24

Estos y muchos otros versículos revelan que el precio de nuestra redención fue la sangre de Cristo, el mayor sacrificio imaginable. Nos tomará toda la eternidad comprender plenamente el costo de la cruz.

Gálatas 3:13 nos ofrece una comprensión aún más profunda del sacrificio de Cristo:

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición. Gálatas 3:13

Pablo aquí hace referencia a Deuteronomio 21:23, que establece que:

maldito todo el que es colgado en un madero. Deuteronomio 21:23

Esto significa que Jesús no solo pagó el precio, sino que se hizo maldito por nosotros.

Ser maldito es peor que estar bajo anatema o ser excomulgado. Implica estar completamente desechado, sin esperanza, separado para siempre, como un miembro gangrenado que debe ser amputado. 

Este es el profundo nivel de separación que Jesús experimentó en la cruz para redimirnos. Fue ese acto el que permitió nuestra liberación del pecado y la muerte.

Un claro símbolo de este sacrificio lo encontramos en el Antiguo Testamento, cuando Moisés levantó una serpiente de bronce en el asta, y todos los que la miraban eran sanados.

8 y Jehová le respondió:
«Hazte una serpiente ardiente y ponla sobre una asta; cualquiera que sea mordido y la mire, vivirá.»
9 Hizo Moisés una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta. Y cuando alguna serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y vivía. Números 21:8-9 
En la Biblia, la serpiente generalmente representa a Satanás, pero en este caso, la serpiente de bronce representaba a Cristo, quien se hizo maldito en la cruz, tomando sobre sí el pecado del mundo para redimirnos.

 

Es mirando a la cruz que encontramos el perdón por gracia, un regalo completamente inmerecido. Cristo, nuestro abogado, no solo defiende nuestra causa, sino que paga nuestra condena con su propia vida.

Pero, ¿qué sucede con la vergüenza que acompaña al pecado? Aunque somos liberados de la condena, el peso de la vergüenza y la memoria de nuestros actos pueden persistir. Aquí es donde entra en juego la tercera faceta del perdón divino, que se expresa en la palabra remisión.

Remisión

Remisión (Griego: áfesis) significa enviar lejos nuestras transgresiones.

Siguiendo con nuestra reflexión, hemos sido perdonados de la condena de muerte gracias a la redención que Cristo nos ofreció en la cruz. Cristo, como nuestro abogado, pagó el castigo que merecíamos, liberándonos de la condena. 

Sin embargo, ¿qué ocurre con la vergüenza que sentimos al recordar nuestras transgresiones? Aunque somos perdonados, tanto Dios, Jesús, como los seres celestiales siguen sabiendo lo que hicimos. La vergüenza persiste, y puede ser difícil imaginar cómo podremos enfrentarlos.

Piensa en el caso de un asesino que ha sido perdonado por un juez. Aunque el juez lo absuelva, sigue siendo conocido como un asesino. Imaginen, por ejemplo, al rey David, perdonado por Dios, encontrándose en el cielo con Urias el heteo, el esposo de Betsabé.

Urias era un soldado honesto y fiel a David. El rey, impulsado por su deseo por Betsabé, adulteró con ella y luego, al descubrir que estaba embarazada, orquestó la muerte de Urias en el campo de batalla.

Después de este grave pecado, David fue confrontado por el profeta Natán. A pesar de sufrir las consecuencias de su pecado, incluyendo la muerte de su hijo, David se arrepintió sinceramente y fue perdonado por Dios. Aún así, ¿cómo es posible que David, quien fue adúltero, mentiroso y asesino, sea recordado con estas palabras de Dios?

En 1 Reyes 9:4, Dios dice que David «anduvo con integridad de corazón». Y en 1 Reyes 11:4, se menciona que «el corazón de Salomón no era perfecto como el corazón de David».

¿Cómo es posible esto? ¿Se olvidó Dios de los pecados de David? Sí, Dios se olvidó. Cuando Dios dice que perdona, lo hace por completo, y eso incluye olvidar nuestros pecados. Aquí entra en juego la palabra remisión.

En Hebreos 10:17-18, Dios dice:

17 añade:
«Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones»,
18 pues donde hay remisión de estos, no hay más ofrenda por el pecado. Hebreos 10:17-18

Esto quiere decir que, gracias a Cristo, nuestros pecados no solo son perdonados, sino también borrados de la memoria de Dios. En la cruz, Cristo hizo posible esta remisión al derramar su sangre por nosotros, como se explica en Hebreos 9:22:

Y según la Ley, casi todo es purificado con sangre; y sin derramamiento de sangre no hay remisión. Hebreos 9:22 

Por esta razón, durante la Última Cena, cuando Jesús partió el pan y dio a sus discípulos el vino, dijo en Mateo 26:28:

Esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para remisión de los pecados. Mateo 26:28

La remisión significa que Dios envía lejos nuestras transgresiones. Como se dice en Isaías 43:25:

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Isaías 43:25

Es mirando a la cruz que encontramos un perdón total y eficaz, que no solo nos libera de la condena, sino también de la vergüenza de nuestros pecados.

Pero aún falta la última palabra. Aunque Cristo intercedió, pagó nuestro rescate y borró nuestros pecados, queda una pregunta: ¿cómo nos libramos de la culpa? ¿Cómo podemos, especialmente después de haber cometido un pecado grave, vivir con la conciencia limpia? ¿Cómo podremos disfrutar de un paraíso inmerecido sin cargar con el peso de la culpa? 

Aquí es donde entra en juego la cuarta y última palabra.

Expiación

La palabra expiación ha sido muchas veces confundida con propiciación, pero su significado es muy diferente. En las religiones paganas, cuando alguien cometía una falta, era esa persona quien debía reparar o restituir mediante penitencia o castigo. 

En contraste, la Biblia enseña que, aunque hemos ofendido a Dios con nuestros pecados, es Él quien expió nuestros pecados por nosotros.

La expiación en la Biblia proviene del hebreo kaphar (כָּפַר), una forma verbal de kippur, que aparece más de cien veces en el Antiguo Testamento. Su significado concreto es cubrir o remover una transgresión. 

Este concepto nos remite al relato de Adán y Eva. Cuando ellos pecaron, lo primero que sintieron fue una inmensa culpa, tanto que se percibieron desnudos. Esta sensación de culpa no puede ser cubierta por ninguna prenda física o material en el universo; solo puede ser cubierta por Cristo.

Nuestro Salvador, en su amor infinito, extiende sobre nosotros un manto de justicia. A través de la eficacia de su sangre derramada en la cruz, cubre y remueve el pecado que nos separaba de Dios. 

De esta manera, no solo somos perdonados, sino que todo vestigio de mal en nuestras vidas, incluso el recuerdo de nuestras transgresiones, será removido para siempre.

El profeta Isaías proclama esta verdad en Isaías 61:10:

En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió de vestidos de salvación, me rodeó de manto de justicia. Isaías 61:10

Asimismo, el apóstol Pablo nos recuerda en Romanos 4:7:

Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Romanos 4:7

Es mirando a la cruz que encontramos un perdón absoluto. La obra de Cristo en la cruz no solo cubre nuestros pecados, sino que los remueve por completo. 

Lo que Cristo logró en ese acto de amor y sacrificio es extraordinario, incomparable. El tratamiento de nuestros pecados en la cruz es un diseño divino que será tema de estudio por toda la eternidad.

Este profundo entendimiento de la expiación nos revela que, más allá de la justicia humana, la justicia divina ofrecida por Cristo nos cubre completamente. Y en la comprensión de este tema puede estar tu salvación eterna y la de tu familia. Porque la salvación está en la cruz de Cristo.

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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los 10 MANDAMIENTOS #2 – Un CAMINO a la LIBERTAD

En esta pagina, abordamos la profecía bíblica, enfocándonos específicamente en el libro de Apocalipsis. Uno de los temas cruciales que debemos comprender es el rol que cumplen los 10 mandamientos en el tiempo del fin.

En el capítulo 11 de Apocalipsis, se menciona que se abre el templo de Dios en el cielo para revelar el arca del pacto, donde se guardan los 10 mandamientos.

En el post anterior explicamos cómo el Apocalipsis describe a los salvos como aquellos que guardan los mandamientos de Dios. En Éxodo 31, se nos dice que Moisés recibió las tablas de la ley, escritas por el mismo Dios.

Es la única porción de toda la Biblia en la que Dios no confió a ningún ser humano la escritura del texto; como dice el versículo 18, Él mismo la escribió con Su propio dedo.

No se conoce ningún otro resumen de leyes tan breve y, a la vez, tan completo. Abarca todos los aspectos de la vida. Acompáñame a analizar la compilación de preceptos más famosa de la historia.

 

El amor en 10 frases

En Lucas 10:25-27, un maestro de la ley pregunta a Jesús sobre cómo heredar la vida eterna, a lo que Él responde que el camino es amar a Dios con todo el corazón, alma, fuerzas y mente, y amar al prójimo como a uno mismo.

25 Un intérprete de la Ley se levantó y dijo, para probarlo:
—Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?
26 Él le dijo:
—¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?
27 Aquel, respondiendo, dijo:
—Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Lucas 10:25-27

Marcos 12:30-31 reafirma estos mandamientos, destacando que el primero es el principal, y el segundo, el amor al prójimo, es semejante al primero.

30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” Este es el principal mandamiento. 31 El segundo es semejante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay otro mandamiento mayor que estos. Marcos 12:30-31

En perfecta sintonía con el Antiguo Testamento, encontramos en Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18 la misma enseñanza, ya predicha por Moisés: amar a Dios y al prójimo.

»Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas. Deuteronomio 6:5

»No te vengarás ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Jehová. Levitico 19:18

Mateo 22:37 añade un matiz significativo, señalando que de estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas, haciendo del amor el fundamento de toda la enseñanza divina.

Jesús le dijo:
—“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.”  Mateo 22:37

Romanos 13:9-10 profundiza aún más, cuando Pablo menciona algunos de los mandamientos como «No adulterarás», «No matarás», «No hurtarás», «No codiciarás», y los resume con la frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», dejando claro que el amor es el cumplimiento de la ley.

9 porque: «No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás», y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» 10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la Ley es el amor. Romanos 13:9-10

Los Diez Mandamientos son, por lo tanto, un resumen perfecto de cómo expresar el amor a Dios y al prójimo. Son instrucciones prácticas dadas por Dios a Moisés, no sólo leyes, sino una obra maestra de equilibrio y justicia.

Nada es casualidad en los diez mandamientos

Vamos a analizar la ley de Dios desde varios aspectos:

Equilibrio de la Ley

Los Diez Mandamientos se encuentran en Éxodo 20:1-17. Los primeros cuatro se centran en la relación del hombre con Dios, y los últimos seis en la relación con el prójimo. Representan un equilibrio perfecto entre lo genérico y lo específico, orientándonos en cómo demostrar amor de una manera práctica y realista.

El amor a Dios y al prójimo es un resumen amplio, que deja abierta la interpretación de cómo mostrar ese amor. Sin embargo, los Diez Mandamientos evitan el error de ser demasiado específicos, al mantener un enfoque balanceado que nos guía sin agobiarnos con detalles legalistas.

Orden de la Ley

Los mandamientos abarcan toda la actividad humana: acciones, palabras y pensamientos. En la relación con el prójimo, el orden de los mandamientos es decreciente, comenzando con el delito más grave hasta el menos visible:

  • No matarás: agresión física contra la vida.
  • No cometerás adulterio: agresión moral contra la familia.
  • No hurtarás: agresión económica contra la propiedad.
  • No darás falso testimonio: agresión verbal contra la reputación.
  • No codiciarás: agresión mental a través del deseo.

Simetría de la Ley

Los mandamientos no son una simple lista, sino que están cuidadosamente diseñados con una simetría que refleja la armonía entre las dos tablas.

  • Dios da y salva la vida → Protegerás la vida.
  • No tendrás otros dioses → Serás fiel a tu pareja.
  • Respetarás el nombre y patrimonio de Dios → Respetarás los bienes de tu prójimo.
  • Rendirás culto verdadero a Dios → Dirás siempre la verdad.
  • Honrarás a tus padres → Respetarás las demás familias.

Su Morfología

La Persona:

En los Diez Mandamientos, Dios no se dirige a un grupo indistinto; en cambio, se dirige a cada individuo de manera personal e íntima. Están formulados en segunda persona del singular, lo cual otorga mayor fuerza vinculante. Al expresarse de este modo, Dios establece un vínculo directo con cada uno de nosotros, subrayando la responsabilidad personal en el cumplimiento de sus mandatos.

El Tiempo Verbal:

Este es un detalle sumamente revelador. En cada mandamiento, el tiempo verbal utilizado es crucial para comprender la intención de Dios. El tiempo verbal elegido por Dios es el «futuro imperfecto» en negativo, que en hebreo se refleja de manera idéntica al español.

Entonces, sabiendo esto, ¿cuál podría ser la intención del autor? Lo más lógico y natural es pensar que son prohibiciones. A lo largo de mi vida, he visto innumerables carteles de prohibiciones, pero jamás los he encontrado redactados en futuro imperfecto en negativo.

Para órdenes y prohibiciones, normalmente se utilizan:

  • Infinitivo para normas escritas (por ejemplo, «No correr» o «Prohibido correr»).
  • Imperativo presente para normas verbales (por ejemplo, «No corras» o «Te prohíbo que corras»).

Pero, ¿un futuro para prohibir, como «No correrás»? ¿Cuántas veces has entrado en una piscina y encontrado un cartel que diga: «No correrás por el borde de la piscina» o «No entrarás con botellas de cristal»? ¡Nunca! El tiempo verbal no coincide con una prohibición.

Si no coincide con una prohibición, entonces, ¿cuál sería la intención del autor? ¿Amenazas tal vez? Imposible. Las amenazas se utilizan para cosas malas, pero no se puede amenazar a alguien por honrar a su padre y madre, ni por no matar.

¿Podrían ser deseos? No, tampoco. El tiempo del deseo se expresa con cualquier tiempo dentro del modo subjuntivo, y estos mandamientos no están en subjuntivo. Entonces, ¿qué son?

La diferencia psicológica y teológica entre «No mates» y «No matarás» es lo suficientemente importante como para que merezca nuestra atención. Solo hay una intención posible que encaja con este tiempo verbal: ¡Son promesas! Te prometo que no matarás.

Percibir los mandamientos como prohibiciones, es decir, como condiciones de aceptación, sería bíblicamente incorrecto y teológicamente absurdo. No son prohibiciones o condiciones de aceptación, sino promesas, es decir, el resultado de la aceptación.

Dios primero liberó a los israelitas de Egipto y, después, solo después, les dio las tablas de la ley. Por eso, cuando entras al santuario, lo primero que ves es el sacrificio de Cristo, que nos libera del pecado del mundo. Luego, solo entonces, te ofrece la santificación.

Te prometo que, si te acercas a mí y te entregas incondicionalmente, podré liberarte del pecado. Entonces, no robarás. No hablarás contra tu prójimo. Y eso no es todo: te prometo que no codiciarás nada de tu prójimo. Ahora sí coincide el tiempo verbal. Es imposible no verlo.

Desde niños detestamos que nos den órdenes, y aún peor soportamos las prohibiciones. Las órdenes se cuestionan, pero las prohibiciones parecen provocar automáticamente el deseo de hacer lo prohibido.

Si hasta hoy has visto los 10 mandamientos como una serie de prohibiciones, es que no los estás entendiendo.

Por eso, muchas veces en el hebreo antiguo del Antiguo Testamento no se les llamaba «mandamientos,» sino «las 10 palabras,» de donde surge el vocablo griego Decálogo.

Satanás ha conseguido engañar a todo el mundo respecto a estas 10 palabras de Dios. Fuera del cristianismo, ni siquiera se tienen en cuenta; son ignoradas. 

Dentro del cristianismo, algunos piensan que con Cristo ya no tienen validez, que han sido abrogadas o abolidas. Otros las han modificado. Y de los pocos que creen en el texto bíblico tal como está, muchos las malinterpretan, creyendo que son obligaciones pesadas y tediosas.

SU PRÓLOGO

Es importante comenzar destacando que, en muchas ocasiones, los Diez Mandamientos son enumerados comenzando por el «NO» de cada mandamiento. Esto, sin embargo, presenta un texto incompleto, mutilado, porque estas palabras no se pueden entender sin su prólogo.

Lo primero que llama la atención es que Dios no se presenta como el Todopoderoso, ni como el Omnipresente, ni siquiera como el Legislador supremo. 

Siendo Él quien va a dar una ley, lo lógico sería que se presentara como el Juez de toda la tierra. Pero no, Dios se presenta como el Libertador: «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre».

Esta frase introductoria se entrelaza con el mandamiento que sigue, haciéndose inseparable. Literalmente, podríamos leer: «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre, por lo tanto, ya no tendrás dioses ajenos delante de mí». 

Esta presentación revela a Dios como el libertador que sacó a su pueblo de la opresión, y les está prometiendo que serán verdaderamente libres, no solo de los faraones de Egipto, sino también de todos sus ídolos, del miedo a los espíritus, de las supersticiones, y del terror a lo desconocido.

Un texto que empieza con una frase tan liberadora no puede ser entendido como una simple lista de prohibiciones y órdenes. Sería como ver dos dioses en un mismo pasaje: uno que libera y otro que oprime. 

Pero no es así. Dios no impone una nueva esclavitud con sus mandamientos; al contrario, les da a su pueblo ya liberado una receta para vivir una vida de calidad superior.

Quien liberó a su pueblo de Egipto desea, con más razón, liberarles de sus miedos, de la violencia, de los conflictos familiares y de los odios. Los mandamientos, lejos de ser prohibiciones limitantes, son promesas de libertad.

10 Veces Libres

Cada uno de los mandamientos nos abre un camino hacia la verdadera libertad. Aquí, Dios invita a ser «10 veces libres»:

  1. Serás libre de los dioses falsos, las influencias de espíritus y astros, y de los terrores de lo oculto.

  2. Serás libre de las supersticiones paralizantes y de la idolatría.

  3. Serás libre de la banalización de lo sagrado y aprenderás a respetar a Dios con mayor profundidad.

  4. Serás libre de las cadenas del trabajo y del ocio desmedido, aprendiendo a trabajar y a descansar plenamente en cuerpo y espíritu.

  5. Serás libre del individualismo insolidario, reconciliándote con tus raíces y relaciones familiares.

  6. Serás libre de la agresividad, disfrutando de la vida en una fraternidad solidaria.

  7. Serás libre del amor falso, viviendo un amor pleno en pareja, sin reservas ni engaños.

  8. Serás libre de la insatisfacción material, dejando de necesitar poseer a cualquier costo.

  9. Serás libre del engaño, viviendo una vida plena sin tener que deformar la verdad.

  10. Serás libre de la envidia, disfrutando plenamente de lo que posees sin desear lo ajeno.

Cada mandamiento es una promesa de libertad, que nos invita a vivir en plenitud y gozo, en contraste con las servidumbres que la humanidad ha creado para sí misma. 

No basta con amar la libertad; debemos saber qué hacer con ella. En Santiago 1:25 se nos habla de la «perfecta ley, la de la libertad».

Pero el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:25

A lo largo de la historia, los seres humanos han creado dioses e ídolos a su imagen y semejanza, pero la intención de Dios es que sea Él quien nos transforme a nosotros a Su imagen y semejanza.

No sé qué tipo de esclavitud puedas tener en tu vida hoy. Ya sea la idolatría del dinero, el egoísmo, el adulterio, la envidia, la mentira o la codicia. Sea cual sea la forma en que Satanás ha intentado esclavizarte, Jesús te promete que puede liberarte. Solo dale una oportunidad.

Recuerda, de la comprensión de estos mandamientos puede depender no solo tu libertad, sino también tu salvación y la de tu familia.

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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Los 10 MANDAMIENTOS – Estamos bajo la GRACIA y no bajo la LEY. #1

Cuando el libro de Apocalipsis describe a los salvos en el tiempo del fin, lo hace en dos ocasiones, no en una sola, refiriéndose a ellos como “los que guardan los mandamientos de Dios.” 

En Apocalipsis 12:17, se menciona que son aquellos “que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.”

Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo. Apocalipsis 12:17

Asimismo, en Apocalipsis 14:12, se dice que son los que “guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.”

Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Apocalipsis 14:12

Sin embargo, no son pocos los cristianos que afirman que la ley de Dios fue anulada en la cruz, ya que así se les ha enseñado en su religión. Pero si esto fuera cierto, entonces, ¿por qué cuando Apocalipsis describe a los salvos, los identifica como “los que guardan los mandamientos de Dios”?

Te aseguro que, tal como lo indica el título de este post, si no comprendes el rol de los Diez Mandamientos dentro del gran conflicto, jamás podrás entender el Plan de Salvación. 

Si deseamos estar incluidos entre los salvos, resulta crucial comprender sus características y cómo son descritos, ¿no te parece?

¿Están anulados los diez mandamientos?

Como mencioné anteriormente, hay numerosos cristianos que sostienen que, tras la muerte de Cristo en la cruz, los Diez Mandamientos fueron anulados. Sin embargo, existe una gran cantidad de versículos que parecen contradecir esta afirmación.

Por ejemplo, en Mateo 5:17, Jesús declara que vino a cumplir la ley, no a abrogarla. ¿Acaso se abroga la ley cuando Él muere?

»No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir. Mateo 5:17

Consideremos otro versículo: en Lucas 16:17, Jesús afirma que es más fácil que pasen el cielo y la tierra que se frustre una tilde de la ley. Pero, ¿se frustra la ley en el momento de Su muerte?

»Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la Ley. Lucas 16:17

En múltiples ocasiones, Jesús señaló que nuestro amor hacia Él se demuestra a través de la observancia de los mandamientos. En Juan 14:15, por ejemplo, dice: 

Si lo amamos, guardemos sus mandamientos. Juan 14:15

En Juan 14:21, afirma:

El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama. Juan 14:21

Y en Juan 15:10, declara que, si guardamos Sus mandamientos, permanecemos en Su amor. 

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Juan 15:10

¿Acaso, tras Su muerte, estos mandamientos ya no constituyen la prueba de nuestro amor?

He escuchado a algunos predicadores argumentar que cuando Jesús hablaba de “guardar los mandamientos” se refería a otra cosa, distinta de los Diez Mandamientos. No obstante, en Mateo 19:16-19, se narra que un joven rico se acercó a Jesús y le preguntó qué debía hacer para ser salvo. 

Jesús le respondió: “Guarda los mandamientos.” Ante esto, el joven rico inquirió: “¿Cuáles?” Y Jesús le recitó los mismos mandamientos que aparecen en los Diez Mandamientos: “No matarás, no adulterarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.”

Por lo tanto, no cabe duda de que Jesús se refería siempre a los Diez Mandamientos. Cristo cumplió la ley a lo largo de toda Su vida, y ¿es posible que, al morir, ya no sea necesario cumplirla? 

Es evidente que no hay lógica en esta afirmación. Hay un desajuste con lo que dice Jesús.

Cabe destacar que he seleccionado solo algunos de los innumerables versículos del Nuevo Testamento, pronunciados por Jesús. Sin embargo, también hay varios versículos de los apóstoles que refuerzan esta idea, incluso después de la muerte de Cristo. En 1 Juan 2:4, el apóstol Juan escribe: 

El que dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él. 1 Juan 2:4

Es importante notar que cuando Juan escribió esto, Jesús ya había sido clavado en la cruz.

Ante la abrumadora cantidad de versículos donde, de manera clara y sencilla, Jesús y los apóstoles reivindican los Diez Mandamientos, surge la pregunta: ¿cómo argumentan aquellos que afirman que la ley de Dios ha sido anulada y que los Diez Mandamientos están abolidos?

La respuesta es que lo hacen de manera sutil, elaborada y con argumentos rebuscados. En este análisis, abordaremos algunos de estos argumentos para desentrañar la falacia que subyace en cada uno de ellos.

La salvación es por fe y no por obras

El primer argumento que examinaremos es la afirmación: “La salvación es por gracia y no por obras.” En este punto, estamos de acuerdo. 

Es común observar que cuando alguien intenta convencerte de que los Diez Mandamientos ya no están vigentes, dedica considerable tiempo a explicar que la salvación es por gracia o por fe, y no por obras; de ahí concluyen que, por consiguiente, la ley de Dios ya no es aplicable.

En la misma línea de esta falacia, argumentan que aquellos que creen que la salvación se obtiene a través de las obras son los que sostienen que la ley de Dios está vigente, a quienes descalifican llamándolos “legalistas.”

Como mencionamos anteriormente, estamos completamente de acuerdo en que la salvación es por gracia y por fe, gracias a la sangre de Jesucristo, y no por obras o por la observancia de los Diez Mandamientos. 

Hay muchos pasajes en la Biblia que ratifican esta afirmación, como en Efesios 2:8, donde Pablo dice que somos salvos por gracia, por medio de la fe. Sin embargo, esto no tiene relación con la vigencia de la ley.

porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Efesios 2:8

Por tanto, ¿significa esto que, al ser salvados por gracia, ahora podemos matar, mentir, robar, etcétera? Es por ello que Pablo también aclara en varios lugares lo que sostiene en Romanos 3:31:

¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley. Romanos 3:31

Esto deja en claro que la ley sigue vigente. Así que, cuando alguien en tu iglesia, un pastor o un ministro, intenta explicarte que la ley de Dios ya no es válida porque somos salvos por gracia, debes estar atento; te están cambiando de tema. 

Estos son dos asuntos distintos: uno es nuestra salvación, que se obtiene por gracia, y el otro es la vigencia de los Diez Mandamientos.

Por lo tanto, no es “legalista” pensar que la ley está vigente. Legalista es creer que la ley tiene el poder de salvarme, sosteniendo que somos salvos por nuestras obras.

¿Para qué sirve la ley?

Ahora bien, surge la pregunta: si somos salvos por gracia y por fe, pero la ley sigue vigente, ¿para qué sirve la ley? Y, por supuesto, cuando hablamos de ley, nos referimos a los Diez Mandamientos.

Existen múltiples razones por las cuales la ley sigue vigente, y sus funciones y objetivos se encuentran expuestos a lo largo de toda la Biblia. En esta ocasión, analizaremos dos de sus propósitos más importantes.

Una de las funciones de la ley es revelarnos nuestro pecado: sí, la ley actúa como un espejo. Este concepto está claramente establecido en el Nuevo Testamento. El apóstol Juan declara en 1 Juan 3:4 que el pecado es la infracción de la ley.

Todo aquel que comete pecado, infringe también la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley. 1 Juan 3:4

Y el apóstol Pablo, en varias ocasiones, como en Romanos 3:20 y Romanos 7:7, afirma que es gracias a la ley que conocemos el pecado.

porque por las obras de la Ley ningún ser humano será justificado delante de él, ya que por medio de la Ley es el conocimiento del pecado. Romanos 3:20

¿Qué, pues, diremos? ¿La Ley es pecado? ¡De ninguna manera! Pero yo no conocí el pecado sino por la Ley; y tampoco conocería la codicia, si la Ley no dijera: «No codiciarás». Romanos 7:7

Es decir, debido a la existencia de la ley, somos conscientes de la existencia del pecado. Este principio es fácil de comprender: gracias al espejo, me doy cuenta de que estoy sucio, pero ¿puedo limpiarme con el espejo? No, necesito agua para hacerlo.

Es crucial que comprendamos esto para entender el gran conflicto y el plan de salvación. Todos los cristianos proclaman que Jesús vino a este mundo a salvarnos. 

¿Pero salvarnos de qué? Los judíos creían que venía a liberarlos de los romanos y lo esperaban como un gran libertador, pero estaban equivocados, y por eso no lo reconocieron; esperaban algo diferente. 

Los cristianos, por su parte, creen que Jesús vendrá a salvarnos de Satanás. Esta también es una interpretación incorrecta. Es cierto que al final vendrá como Rey a librarnos de Satanás, pero esto es una consecuencia de la verdadera liberación. 

Jesús vino a salvarnos del pecado, y por eso tuvo que venir la primera vez como Sacerdote y ahora actúa como nuestro Sumo Sacerdote.

Presta mucha atención a lo siguiente, porque es fundamental para entender el plan de salvación: Jesús solo llevará de este mundo de pecado gobernado por Satanás a aquellos que primero haya podido salvar del pecado. Si no comprendes esto, nunca comprenderás el plan de salvación.

Jesús vino a salvarnos por gracia, por medio de la fe, como se menciona en Efesios 2:8.

porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Efesios 2:8

Vino a salvarnos del pecado, que, como explica 1 Juan 3:4, es la infracción de la ley. 

Todo aquel que comete pecado, infringe también la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley. 1 Juan 3:4

Si decimos que la ley ya no está vigente y la eliminamos, desaparece el pecado. Y si no existe pecado, ¿para qué necesito la gracia? Si no necesito gracia, ¿para qué necesito a Jesús? En otras palabras, si elimino la ley, estoy eliminando a Jesús.

Esto nos lleva al segundo objetivo: la ley nos guía hacia Cristo.

Este es el segundo motivo por el que la ley sigue existiendo: la ley es una guía que nos conduce a Cristo. Pablo explica esto de manera clara en Gálatas 3:24, donde afirma que “la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo.”

El «ayo» era una persona encargada de cuidar y llevar a los niños a la escuela. No era el maestro, sino quien guiaba al niño hacia el maestro. ¿Ves cómo ahora empieza a cobrar más sentido el concepto de la ley?

La ley en el plan de salvación

Ahora que comprendemos con mayor claridad algunos de los objetivos de la ley —enseñarnos nuestra condición y llevarnos a aceptar a Cristo— podemos contextualizar estos conceptos dentro del plan de salvación y explicar de manera sencilla y simplificada lo que la Biblia nos enseña.

Como mencionamos anteriormente, y tal como dice Efesios 2:8, «somos salvos por gracia, por medio de la fe». Somos salvos por gracia, porque Cristo murió por nosotros, y su redención es un regalo gratuito, un don inmerecido. No hemos hecho nada para merecerlo.

Y somos salvos «por medio de la fe» porque Dios salvará a aquellos que acepten, por fe, ese sacrificio expiatorio. Los salvos serán aquellos que amen a Dios. Como afirma 1 Corintios 8:3:

el que ama a Dios, ese es conocido por Él. 1 Corintios 8:3

Sin embargo, no podemos afirmar que amamos a Dios si no manifestamos amor al prójimo.

En Lucas 10:27, cuando le preguntaron a Jesús qué debía hacerse para heredar la vida eterna, Jesús confirmó que era necesario «amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, …y a tu prójimo como a ti mismo».

Aquel, respondiendo, dijo:
—Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Lucas 10:27

¿Por qué? Porque, como Jesús explicó en Mateo 25:40:

si lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Mateo 25:40

De ahí que en Juan 13:35 se nos dice:

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros. Juan 13:35

Hasta aquí, todo parece perfecto y estamos todos de acuerdo. Pero surge una gran pregunta: ¿cómo demostramos ese amor a Dios y al prójimo? Ese es el quid de la cuestión.

La Biblia enseña claramente que el amor a Dios y al prójimo se demuestra guardando sus mandamientos. Guardar los mandamientos es una consecuencia del verdadero amor.

En Juan 14:15, Jesús declara:

Si me amáis, guardad mis mandamientos. Juan 14:15

Y en el versículo 21 añade: 

El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama. Juan 14:21

Finalmente, en Juan 15:10, afirma:

Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. Juan 15:20

Imaginemos la siguiente situación: un hombre afirma que ama a su esposa, aunque de vez en cuando le es infiel, permitiéndose algunas «escapaditas». Dios nos dice: no, si amas a tu esposa, debes serle fiel. En la infidelidad o la traición no hay lugar para el verdadero amor.

En este contexto, encontramos a algunos cristianos que dicen: «Sí, yo amo a Dios, yo amo a Jesús, mi Cristo». Pero no guardan sus mandamientos.

Esto se debe a que la mayoría de los cristianos o enseñan que los 10 mandamientos ya no están vigentes —el tema central de este capítulo— o enseñan que están vigentes, pero los han modificado. Sobre este último grupo, hablaremos más adelante en otro post.

Por ello, el apóstol Juan nos advierte:

El que dice: ‘Yo lo conozco’, pero no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él. 1 Juan 2:4

Asimismo, en Mateo 7:21, Jesús declara:

No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:21

Y luego, en el versículo 23, añade:

Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad». En realidad, el término original en griego es anomían, cuya mejor traducción sería «violadores de la ley». Mateo 7:23

Algunos podrían argumentar: «¡Ah, bueno! Entonces, estamos en las mismas. ¡Para ser salvos, tenemos que guardar los mandamientos!». Pero esto no es correcto; no es lo mismo, ni tiene relación directa.

Volvamos al ejemplo anterior para aclararlo. Una persona puede ser fiel a su esposa sin necesariamente amarla, ¿no es así?

Ese es precisamente el otro extremo del espectro. En este lado, encontramos a quienes intentan guardar la ley de Dios, pero lo hacen sin una relación de amor con Él.

Existen diversos motivos por los cuales alguien podría intentar guardar los Diez Mandamientos. Uno de ellos podría ser el deseo de ganar el cielo: «¡Me esfuerzo en guardar los mandamientos para ser salvo!». Esto es, en efecto, un ejemplo claro de legalismo. 

Otros pueden guardar la ley por motivos sociales, quizá porque forman parte de una familia o comunidad religiosa donde se les acepta mejor si se comportan de manera religiosa. O, simplemente, porque fueron educados con altos estándares éticos.

En estos casos, se cumple la letra de la ley, pero no su espíritu. De esta manera, estas personas están «bajo la ley», pero no «bajo la gracia». Este era el problema que enfrentaban Jesús y sus discípulos con los judíos de su época: cumplían escrupulosamente la letra de la ley, pero carecían de amor. 

Y, lamentablemente, este también es un problema que enfrentan no pocos cristianos hoy en día. La Biblia nos enseña que ninguna de las dos posturas extremas refleja una relación de amor verdadero con Dios.

Es crucial comprender esto, pues si lo haces, entenderás uno de los aspectos más importantes del plan de salvación.

Aquellos que se encuentran en el extremo izquierdo, quienes defienden que la ley de Dios ya no está en vigencia, acusan falsamente a quienes enseñamos la postura bíblica de ser legalistas y de estar «bajo la ley» y no «bajo la gracia». No te dejes engañar por esa falacia.

En Romanos 6:14-15, Pablo escribe:

14 El pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. 15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡En ninguna manera!». Romanos 6:14-15

Esto confirma que la ley sigue vigente para aquellos que están bajo la gracia. Pablo continúa explicando en el mismo capítulo que los que están bajo la gracia van dejando gradualmente la esclavitud del pecado, como fruto de la santificación, que lleva a la vida eterna.

Así es, Jesús vino a salvarnos del pecado, no a darnos licencia para ejercerlo. Cuando Pablo habla en Romanos 6:22 de que hemos sido libertados del pecado, no solo se refiere a que hemos sido eximidos de su condena, sino también a que hemos sido liberados de su práctica.

Pero ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación y, como fin, la vida eterna. Romanos 6:22

Por supuesto, esta liberación es gradual, pues la santificación es un proceso que dura toda la vida. En 1 Juan 5:3, se nos dice que:

el amor de Dios es que guardemos sus mandamientos, los cuales no son gravosos. 1 Juan 5:3

Esta obediencia a la ley, por supuesto, no es un medio para ganar la salvación, sino, como dice la continuación del versículo que hemos mencionado desde el principio en Efesios 2:8, que «la salvación es por gracia por medio de la fe», y luego el versículo continúa diciendo: «no es resultado de las obras, para que nadie se gloríe».

¿Notas la diferencia entre los dos extremos? Ahora, sin duda, el concepto de la ley empieza a tener mucho más sentido.

El plan de salvación es justo, razonable y sencillo de entender. Si logras comprender lo que explicamos en este post, el cual te dejo resumido en el gráfico de aquí abajo, no solo tendrás la base correcta para entender y disfrutar del plan de salvación, sino que finalmente podrás discernir la sutil falacia de quienes enseñan lo contrario.

Por eso, ahora tienen tanto sentido aquellos textos que, como en 1 Juan 2:5-6, dicen que «el que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo».

5 Pero el que guarda su palabra, en ese verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.
El nuevo mandamiento. 1 Juan 2:5-6
 

Puedo asegurarte que, hoy en día, la mayoría de los cristianos se encuentran entre estos dos extremos. Y muchos están incluidos entre aquellos que han modificado la ley de Dios. Si la han modificado, tampoco la guardan.

Como siempre digo, cuando Apocalipsis 12:9 afirma que «Satanás engaña al mundo entero», incluye a la mayoría de los cristianos, quienes constituyen un tercio de la población mundial.

Sin embargo, si has sido capaz de entender, asimilar y aceptar el tema de hoy, habrás dado un paso crucial para comprender un tema fundamental del Apocalipsis: Por qué los salvos son «los que guardan los mandamientos de Dios».

No te olvides de continuar con la lectura de los posts que irán saliendo en los que seguiremos explicando temas cruciales. Así, paso a paso, podrás ir descifrando el mensaje que Dios tiene para sus hijos en este tiempo del fin, el tiempo en el que estamos viviendo.

No te quepa la menor duda: de la comprensión de estos temas puede depender la salvación eterna tuya y la de tu familia.

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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¿Qué pasa DESPUÉS de la MUERTE? #3 – La RESURRECCIÓN

Este es el tercer y último post de esta serie sobre el estado de los muertos. En los dos posts anteriores, hemos examinado decenas de versículos que explican de forma clara y sencilla cómo se forma el alma y qué ocurre con ella y nuestra conciencia al morir. Si aún no has leído esos posts, te recomiendo que los leas primero. Aquí te dejo el enlace.

En este capítulo, vamos a ampliar las evidencias bíblicas que demuestran de manera contundente la doctrina correcta, centrándonos especialmente en los textos que hablan de la resurrección. Al final del post, habrá una conclusión que no te puedes perder.

Otros textos utilizados para justificar la falsa doctrina 

Antes de entrar de lleno en la parte final de nuestro post, donde analizaremos varios versículos que hablan de la resurrección, no quiero dejar de comentar otros dos textos que también se utilizan continuamente para justificar la falsa doctrina de la inmortalidad del alma.

Uno de ellos es la parábola del rico y Lázaro en Lucas 16, uno de los argumentos más utilizados para intentar demostrar que, al morir, el alma va al cielo o al infierno.

No vamos a leer toda la parábola porque es un poco larga, así que si no la conoces, te recomiendo que la leas. Resumiendo, lo que dice es que, al morir, un rico va a las llamas del Hades, donde sufre tormentos, y desde allí ve a un mendigo que él conocía, llamado Lázaro, quien al morir fue al paraíso o al seno de Abraham. 

Entonces, el rico le pide a Abraham que envíe a Lázaro a refrescarlo, y luego le pide que vaya a su casa (la casa del rico) a avisar a sus hermanos para que cambien su forma de vivir y no corran la misma suerte que él.

Ellos interpretan que, al contar Jesús esta parábola, se demuestra que el alma, al morir, va o al infierno como el rico, o al seno de Abraham, o al paraíso como el mendigo.

En el post “Cómo se manipula el texto bíblico,” hemos explicado ampliamente por qué no se puede extraer una doctrina de una parábola; más bien, la parábola debe ser analizada a la luz de la doctrina (es decir, a la luz del contexto general de la Biblia). 

Si aún no has leído ese post te recomiendo encarecidamente que lo leas, ya que allí se establecen las bases para que puedas identificar fácilmente cuando se está manipulando el texto bíblico. Igualmente, te resumiré en tres puntos por qué no se puede extraer una doctrina de una parábola:

  1. Las parábolas son breves narraciones simbólicas con enseñanzas morales.

  2. Por consiguiente, no se pueden tomar literalmente, ya que una parábola, por definición, es un suceso fingido. En la parábola del rico y Lázaro, Jesús lleva la simbología al límite de lo ridículo para que quede claro que es solo una ficción con una enseñanza. Por ejemplo, la idea de que los que están en el paraíso puedan ver y hablar con los atormentados del infierno, o que alguien en el infierno recibiría alivio con una gota de agua en la lengua, es parte de esta exageración simbólica.

  3. Por consiguiente, primero debo conocer la doctrina para saber qué parte de la parábola es la enseñanza moral y qué parte está para completar la historia. Esto lo explicó Jesús en Lucas 8:10, diciendo que los que no conocen los misterios del reino de Dios, oyen las parábolas, pero no las entienden.

Él dijo:
—A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios, pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. Lucas 8:10

En conclusión, por todo esto, es imposible sacar una doctrina de una parábola sin conocer el contexto. Así que la interpretación lógica, tomando en cuenta el contexto, es que la enseñanza de la parábola es justamente el final que está en el versículo 31, que dice: 

Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos. Lucas 16:31

Esto se refiere a Él mismo, ya que Jesús resucitó al tercer día y aun así no creyeron.

El otro texto que no quiero dejar de analizar es la historia de Saúl y la adivina de Endor, que se encuentra en 1 Samuel 28. Muchos que defienden la inmortalidad del alma toman esta historia para demostrar que el profeta Samuel está vivo en el cielo y se le apareció a Saúl.

En primer lugar, no podemos sacar una doctrina de una historia real sin tomar en cuenta el contexto, porque es el contexto general de la Biblia el que nos ayudará a entender la enseñanza moral de la historia. 

El contexto general ya lo hemos analizado ampliamente a lo largo de este post, y tenemos una montaña de versículos y motivos suficientes para saber con certeza que era imposible que Samuel se comunicara con Saúl a través de la adivina, ya que Samuel estaba muerto y el alma no va al cielo hasta la resurrección. 

Pero analicemos también rápidamente el contexto inmediato, que nos confirmará aún más lo que estamos diciendo.

En primer lugar, en la misma narración, en el versículo 6, se nos dice que Dios ya no le respondía a Saúl ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas.

Consultó Saúl a Jehová, pero Jehová no le respondió ni por sueños ni por el Urim ni por los profetas. 1 Samuel 28:6

Además, en 1 Samuel 16:14 dice que Dios se había apartado de Saúl.

El espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte de Jehová lo atormentaba. 1 Samuel 16:14

En segundo lugar, Dios no se iba a comunicar con Samuel a través de un medio prohibido. En su desesperación y alejado de Dios, Saúl utiliza la adivinación para intentar que Dios le envíe un profeta, un medio prohibido por Dios en repetidas ocasiones. Aquí abajo te dejo los versículos.

Por ultimo, en tercer lugar, Saúl sabía claramente que estaba prohibido. De hecho, en el versículo 9, la adivina le dice que teme por su vida, porque el rey Saúl prohibía y perseguía la adivinación en su territorio.

La mujer le respondió:
—Bien sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha extirpado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, me pones esta trampa para hacerme morir? 1 Samuel 28:9

Así que si Dios no le respondía por los medios permitidos, mucho menos lo haría por un medio prohibido por Él.

Por consiguiente, la interpretación lógica tomando en cuenta el contexto general de la Biblia, de acuerdo a todo lo que hemos estudiado en estos posts, y el contexto inmediato sobre la realidad de Saúl, es que el que se le apareció a la adivina no fue Samuel, sino un demonio que se hizo pasar por Samuel.

Siendo, como siempre, la interpretación una suposición arbitraria por no tomar en cuenta el contexto. 

Un comentario importante: Todo intento de comunicación con los muertos no es otra cosa que comunicación con los demonios. Por eso Dios lo prohíbe tanto.

La resurrección

Ahora bien, procedamos a examinar los textos que explican la resurrección, con el fin de continuar ampliando esta extensa colección de versículos que presentan de manera coherente y unánime la verdadera doctrina a lo largo de toda la Biblia.

Hasta este punto, hemos ilustrado las dos doctrinas utilizando esta imagen. 

No obstante, vamos a reemplazarla por un gráfico que expresará lo mismo de una forma más clara y didáctica.

En este grafico, marcado en verde, se encuentra la doctrina correcta, la cual ha sido confirmada repetidamente por todos los textos que hemos revisado. Según esta doctrina, primero morimos y volvemos al polvo, donde hay solo silencio. 

Permanecemos en un estado de inconsciencia hasta la venida de Cristo. Para el creyente, la muerte es como un sueño, pues cuando Cristo regrese, nos resucitará, es decir, nos devolverá a la vida en un cuerpo redimido, para que podamos ir al cielo.

En contraste, en color naranja, se representa la falsa doctrina de la inmortalidad del alma. 

Según esta creencia, al morir, el cuerpo retorna al polvo, pero el alma va al infierno o al cielo, según corresponda. Cuando Cristo vuelva en su segunda venida, traerá consigo a las almas desde el cielo, y la resurrección no consistirá en pasar de la muerte a la vida, sino en recibir un nuevo cuerpo, para luego retornar al cielo con dicho cuerpo.

Ahora iremos leyendo algunos versículos que tratan este tema, para analizar cuál de las dos creencias expresan:

En Salmos 71:20, leemos:

Volverás a darme vida y de nuevo me levantarás desde los abismos de la tierra. Salmos 71:20

Como puedes observar, la frase «levantar desde los abismos de la tierra» coincide perfectamente con la doctrina bíblica y contradice completamente la idea de que venimos del cielo a buscar un cuerpo.

En Daniel 12:2, se dice: 

Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados. Daniel 12:2

Esto no podría ser más claro: morir en el polvo y ser despertado describe la doctrina correcta, y no guarda relación alguna con la idea de venir con Cristo para tomar un nuevo cuerpo.

Daniel 12:13 nos dice: 

Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días. Daniel 12:13

Nuevamente, este versículo describe de manera precisa la doctrina bíblica y contradice la falsa doctrina.

En Isaías 26:19, leemos:

Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! Isaías 26:19

Aquí se enfatiza que, antes de la resurrección, estaban muertos y son traídos de nuevo a la vida. Aquellos que despiertan son llamados «los moradores del polvo», lo cual es completamente incompatible con la falsa doctrina.

Antes de continuar, debemos analizar algunos textos que son utilizados para justificar la falsa doctrina. Ante la abrumadora evidencia de que son los muertos, los moradores del polvo, quienes volverán a la vida el día de la resurrección, me llamó profundamente la atención escuchar a un predicador famoso explicar la idea contraria utilizando un texto de Pablo, específicamente en 1 Tesalonicenses 4:14, que dice: 

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 1 Tesalonicenses 4:14

Según la interpretación de este predicador, aquí se sugiere que Jesús vendrá del cielo a la tierra trayendo consigo a las almas de los que durmieron en Él, es decir, a las almas que moran en el cielo.

Sin embargo, si consideramos el contexto general de la Biblia, el cual se enriquece cada vez más con una cantidad abrumadora de versículos, llegaremos a una conclusión diferente. Mucho menos si tomamos en cuenta el contexto inmediato, que lo explica de manera sumamente clara.

El versículo anterior aclara que se está hablando de «los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza». Es decir, está hablando de los muertos, no de aquellos que están en el cielo con Cristo. 

No se puede estar durmiendo y estar en el cielo con Cristo al mismo tiempo. Si hubiera almas en el cielo con Cristo, no serían llamados «los que duermen».

Luego, en los versículos siguientes, Pablo, quien se incluye entre los vivos en la venida de Cristo, dice: 

que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor.  1 Tesalonicenses 4:15

Pablo, al igual que todos los profetas y discípulos, pensaba que Jesús vendría en su época. Él aclara que los muertos en Cristo resucitarán primero.

El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. Entonces, los muertos en Cristo resucitarán primero. 1 Tesalonicenses 4:16

Si fueran almas que vienen con Él desde el cielo, no serían llamados «muertos en Cristo». Luego pablo dice:

Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 1 Tesalonicenses 4:17

Si vinieran con Él, no estarían recibiéndolo en el aire. ¿No te parece?

Por lo tanto, la interpretación lógica tomando en cuenta el contexto es que, cuando dice que Dios traerá con Jesús a los que durmieron en Él, no se refiere a que los traerá a la tierra, sino que los llevará al cielo. ¡El versículo no puede ser más claro!

La primera interpretación, en cambio, es una suposición arbitraria que contradice completamente lo que la Biblia explica repetidamente. Personalmente, creo que Pablo lo explica con tanta claridad, que forzar estos versículos de esta manera no es solo ignorar el contexto, sino esconderlo intencionadamente.

Aunque este no es el tema central de este capítulo, quiero señalar que Dios siempre ha dado a sus hijos, en todas las épocas, la sensación de que la venida del Mesías en Gloria y Majestad para salvarlos era inminente. 

Esto lo hace porque conoce nuestra necesidad de estar continuamente velando y orando. La doctrina de la inmortalidad del alma va totalmente en contra de este sentimiento de inminencia, espera ansiosa, y de velar y orar, ya que, si al morir vamos inmediatamente a la presencia de Dios, su segunda venida pierde trascendencia.

Otros textos que se utilizan con frecuencia para justificar la inmortalidad del alma son aquellos que Pablo escribió en 2 Corintios 5:1-8, los cuales te recomiendo que vayas a leerlos. En estos pasajes, frases como: «nuestra morada terrestre», «este tabernáculo, que se deshace» o «Estando en el cuerpo, ausentes del Señor», se refieren al cuerpo que dejamos al morir, y eso es correcto.

Sin embargo, estos textos son interpretados erróneamente por algunos, que sostienen que las frases: «revestidos de aquella nuestra habitación celestial», «Entonces lo mortal es absorbido por la vida» y «Pasando a estar ausentes del cuerpo y presentes al Señor», se refieren al alma cuando sube al cielo, intentando mostrar este pasaje como una prueba de la inmortalidad del alma.

Una vez más, como siempre, el contexto general de la Biblia nos impide llegar a esta conclusión. Y si tomamos en cuenta el contexto inmediato, nos daremos cuenta de inmediato que es un texto de interpretación ambigua, ya que no está hablando de la muerte, sino de la resurrección. En 1 Corintios 15, Pablo nos explica de manera clarísima cómo debemos interpretar todo esto.

En ese capítulo, Pablo habla extensamente sobre la resurrección. Te recomiendo leerlo en su totalidad, ya que es muy revelador, pero para abreviar, leeremos algunas partes:

En el versículo 3, Pablo dice:

…Cristo murió por nuestros pecados… 1 Corintios 15:3

En el versículo 4:

…y resucitó al tercer día. 1 Corintios 15:4

En el versículo 22:

…en Cristo todos serán vivificados. 1 Corintios 15:22

Y en el versículo 35, pregunta:

¿Cómo resucitarán los muertos? 1 Corintios 15:35

Luego, siempre refiriéndose a la resurrección, Pablo dice en el versículo 40:

Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales. 1 Corintios 15:40

En el versículo 42, continúa:

Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. 1 Corintios 15:42

Es decir, aquí explica que morimos con un cuerpo terrenal y corruptible, pero resucitaremos con otro cuerpo celestial e incorruptible.

En el versículo 51, Pablo revela:

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles. 1 Corintios 15:51

Lo repite nuevamente, «y nosotros…», refiriéndose a los vivos cuando Cristo venga, ya que él creía que la venida de Cristo sería en su tiempo. «Nosotros seremos transformados», aclara. «Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad».

En el versículo 54, lo dice de manera inequívoca:

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces (recién ahí) se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 1 Corintios 15:54

Es importante destacar que, recién en la resurrección, se vence a la muerte. Si al morir fuéramos al cielo, no habría necesidad de vencer a la muerte, pues el alma sería inmortal. ¿No te parece?

Ahora que hemos leído lo que Pablo explicó en 1 Corintios 15, podemos comprender que la interpretación lógica tomando en cuenta el contexto es que, cuando Pablo usa las frases: «revestidos de aquella habitación celestial», «entonces lo mortal es absorbido por la vida» y «pasando a estar ausentes del cuerpo mortal y presentes al Señor», no se refiere al alma cuando sube al cielo, sino a la resurrección.

Por lo tanto, la primera interpretación es una suposición arbitraria, consecuencia de no tomar en cuenta el contexto.

Jesús mismo explicó de manera muy clara este tema en Lucas 20:35-37.

35 pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento, 36 porque ya no pueden morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios al ser hijos de la resurrección. 37 Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Lucas 20:35-37

En primer lugar, enfatiza que la resurrección ocurre «de entre los muertos». En segundo lugar, afirma que «no pueden ya más morir al ser hijos de la resurrección», lo cual coincide exactamente con lo que Pablo enseña en 1 Corintios 15, donde explica que solo en la resurrección nos revestimos de inmortalidad. Finalmente, Jesús añade que «en cuanto a que los muertos han de resucitar… Dios no es Dios de muertos sino de vivos», confirmando una vez más la doctrina bíblica.

En Mateo 25:31-33, Jesús dice: 

31 »Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; entonces apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Mateo 25:31-33

aclarando que vendrá acompañado por ángeles y no por almas, como enseñan falsamente algunos. Solo entonces, en el versículo 34, Jesús dirá: 

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Mateo 25:34

Si las almas vinieran con Él desde el cielo, no tendría sentido decir «venid» ni «heredad», ya que esto implicaría que ya habrían heredado el reino previamente.

Cabe mencionar, aunque no es el tema central de este post, que el juicio final es un tema amplio. Sin embargo, lo menciono brevemente para aclarar que la Biblia habla del día del Juicio, cuando Jesús separará a los que serán salvos de los que no, antes de la resurrección, y no en el día de la muerte, como enseñan quienes creen en la inmortalidad del alma.

En los versículos 32 y 33 del mismo pasaje, Jesús dice:

  1. Se sentará en su trono de gloria.
  2. Serán reunidas delante de Él todas las naciones.
  3. Apartará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de los cabritos.

Entonces, y solo entonces, ocurrirá la resurrección.

Lo mismo se expresa en Juan 5:27-29:

27 y, además, le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del hombre. 28 No os asombréis de esto, porque llegará la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; pero los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. Juan 5:27-29

Jesús deja claro que «todos los que están en los sepulcros oirán su voz»; es decir, los que resucitan están en el sepulcro, no vienen con Él desde el cielo. Además, se da a entender que habrá un juicio justo antes, ya que Jesús dice: «Se le dio autoridad de hacer juicio… y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación».

Existen muchos textos como este que dejan claro que hay un día de juicio global antes de la resurrección, y no en el día de nuestra muerte. Para ilustrarlo, leamos Apocalipsis 20:12-13, donde dice:

12 Y vi los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios. Los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida. Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13 El mar entregó los muertos que había en él, y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos, y fueron juzgados cada uno según sus obras. Apocalipsis 20:12-13

Conclusión

A modo de conclusión, la imagen de abajo muestra algunos de los versículos, que hemos estado viendo, que apoyan la doctrina verdadera

Tomando en cuenta estos versículos, quiero mencionar las incoherencias que surgen al creer en la inmortalidad del alma:

  • No tiene sentido decir que la Biblia enseña que «tenemos» un alma, cuando en realidad enseña que «somos» un alma, formada por un cuerpo y el espíritu de Dios.
  • No tiene sentido afirmar que la Biblia enseña que el alma es inmortal, cuando muchos versículos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, declaran claramente que es mortal.
  • No tiene sentido decir que al morir, el alma va al cielo, cuando no existe un solo texto que lo explique de manera clara y sencilla; más bien, la Biblia afirma que al morir volvemos al polvo.
  • No tiene sentido afirmar que vamos al cielo, cuando los patriarcas al morir iban al polvo.
  • Y mucho menos sentido tiene decir que un alma consciente sube al cielo al morir, cuando la Biblia claramente declara que duerme, que está inconsciente y que nada sabe.

Estas incongruencias son justificadas por algunos afirmando que la Biblia se refiere al cuerpo y no al alma. Sin embargo, si el cuerpo inerte se desintegra en el polvo y la conciencia sube al cielo en un alma inmortal, ¿por qué la Biblia se referiría continuamente a los atributos propios de la conciencia al dirigirse al cuerpo inerte, en lugar de al alma?

Más aún, si lo importante es lo que está en el cielo, el alma que se encuentra en el paraíso, ¿por qué la Biblia solo habla del cuerpo que está en la tierra y que se desintegró?

Tampoco tiene sentido que el alma siga viva, cuando la Biblia dice que solo en la resurrección vivirán.

Ni tiene sentido afirmar que cuando Cristo venga, las almas vendrán con Él para recibir un cuerpo, cuando la Biblia deja muy claro que en la resurrección llamará a los muertos, o moradores del polvo, desde el sepulcro.

Y esto, amigo mío, se debe a que la doctrina de la inmortalidad del alma no solo es el mayor engaño que Satanás inculcó a los seres humanos, sino que también fue el primero, pues fue la mentira que Satanás utilizó para tentar a Eva cuando le dijo en Génesis 3:4:

Entonces la serpiente dijo a la mujer: No morirás. Genesis 3:4

Veamos algunas falsas creencias que surgen de la doctrina de la inmortalidad del alma:

  • El espiritismo: El intento de comunicarse con los muertos surge de esta falsa creencia; no es otra cosa que comunicación con demonios.
  • La adoración de los santos.
  • El tormento eterno: ¿Un joven que vivió una mala vida durante 20 años, se muere y va al infierno? Durante esos 20 años, mientras vivía, podía arrepentirse, pero en el tormento eterno, ¿no puede arrepentirse? ¿Sufrirá eternamente? ¿En serio? ¿No es eso demasiado?

Doctrinas que se distorsionan:

  • El juicio: Aquí te dejo varios versículos que hablan del día del juicio final. Si el alma es juzgada el día de su muerte para ir al cielo o al infierno, ¿para qué es el juicio final del que tanto se habla?
  • La resurrección: Si las almas ya están en el paraíso, ¿qué sentido tiene la resurrección? Resurrección significa volver a la vida, no recibir un cuerpo. Además, se pierde interés en la Segunda Venida de Cristo, por la cual Jesús repetidamente nos pide que oremos y velemos.

Si ya creías en esto, espero que este post te haya ayudado a confirmar tus creencias. Si estabas en dudas, tal vez este post haya inclinado la balanza hacia la verdad. 

Pero si toda tu vida creíste firmemente en la inmortalidad del alma y ahora estás confundido, quiero decirte que la religión a la que perteneces no puede corregir este error. 

No te preocupes, cambiar de paradigma lleva tiempo. Sigue viendo mis posts, y verás cómo, poco a poco, todo comienza a cobrar sentido, como un gran rompecabezas.

Y si eres un pastor, cura, obispo o ministro de cualquier religión, y enseñas la inmortalidad del alma, si realmente eres sincero, revisa tus enseñanzas, porque es muy grave llevar a tus feligreses por el camino del engaño. Recuerda que de la comprensión de estos temas puede depender tu vida eterna y la de tu familia.

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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¿Qué pasa DESPUÉS de la MUERTE? #2 – La CONSCIENCIA

Esta es la segunda parte sobre el tema del estado de los muertos. En el post anterior, examinamos cómo se forma el alma y lo que ocurre con ella al morir. En este, nos enfocaremos en lo que sucede con nuestra consciencia después de la muerte.

El muerto esta dormido

Aunque te sorprenda, la Biblia habla extensamente sobre lo que sucede con la consciencia después de la muerte. De hecho, describe la muerte como un sueño, y a quienes mueren en Cristo como aquellos que están dormidos, esperando ser despertados. Aquí te dejo algunos textos para que los examines.

Leamos las expresiones bíblicas de los versículos de la imagen de arriba y dime si te transmiten la idea de que el alma deja de existir hasta la resurrección, o si, por el contrario, sugieren que sube consciente al cielo.

Aquellos que respaldan la falsa doctrina de la inmortalidad del alma no pueden ignorar estos versículos. Sin embargo, explican que el término «dormir» se refiere únicamente al cuerpo y no al alma. 

Pero, ¿tiene sentido alguno decir que un cuerpo «duerme» mientras la conciencia permanece despierta? Porque, aunque el cuerpo esté quieto, acostado e inmóvil, seguirá consciente a menos que esté dormido, lo cual sugiere que el «dormir» está relacionado con la consciencia, y no con el cuerpo en sí.

Este es un concepto tan obvio que hasta un niño de 12 años lo entendería. Es un ejemplo típico del primer paso en las evidencias de manipulación del texto, como expliqué en el post «Como se manipula el texto bíblico», donde mencioné que no se mencionan los textos de la idea predominante. 

Si se mencionan, se presentan como excepciones aisladas y luego se intentan refutar con interpretaciones contrarias a toda lógica. Aquí tenemos un excelente ejemplo. ¿Puede haber una explicación más ilógica que decir que lo que duerme es el cuerpo y no la conciencia?

Pasemos a analizar otro texto que a menudo se utiliza para justificar que el alma está consciente en el cielo:

Hebreos 12:1 dice: 

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Hebreos 12:1

Algunos argumentan, basándose en una suposición arbitraria, que la frase «teniendo en derredor nuestro» significa que las almas de los que están en el cielo nos observan desde allí arriba como testigos. 

Sin embargo, con lo que hemos aprendido hasta ahora, es fácil darse cuenta de la sutileza del engaño. A simple vista, notamos que el texto es ambiguo, ya que la frase «en derredor nuestro» podría tener muchos significados. 

En segundo lugar, es evidente que el texto está hablando de otro tema y en nada se refiere al estado de los muertos. Y, en tercer lugar, nos encontramos con una metáfora, al hablar de «una nube de testigos». Esto hace que sea imposible interpretar este texto sin considerar el contexto bíblico.

Al tomar en cuenta el contexto, no solo encontramos más versículos que nos impiden llegar a esa conclusión, sino que, además, el capítulo anterior, Hebreos 11, dice lo siguiente:

En el versículo 13:

En la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos. Hebreos 11:13

En el versículo 16:

Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad. Hebreos 11:16

En el versículo 35:

no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Hebreos 11:35

Y en el versículo 39:

Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido. Hebreos 11:39

Estos versículos muestran que estos personajes bíblicos murieron sin haber recibido la recompensa del paraíso, ya que aún deben esperar la resurrección, en consonancia con lo que la Biblia enseña en su totalidad.

Por lo tanto, la interpretación lógica, tomando en cuenta el contexto, es que la frase «teniendo en derredor nuestro» no significa que nos observan desde el cielo, sino que los tenemos presentes como ejemplos de fe.

Pasemos ahora a otro texto similar al anterior, que se encuentra en Hebreos 12:22-23:

22 Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, 23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos. Os habéis acercado a Dios, Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos. Hebreos 12:22-23

Quienes defienden la inmortalidad del alma interpretan que «los inscritos en los cielos» son las almas de aquellos que viven allí. 

Sin embargo, al considerar el contexto inmediato del capítulo anterior, vemos que el texto está hablando de otra cosa, y que la interpretación es aún más ambigua, ya que no menciona a los que están en el cielo, sino a los que están «inscritos» en él.

La interpretación lógica, considerando el contexto, es que los héroes de la fe están inscritos en el cielo, a tal punto que Dios ya les ha preparado una ciudad, pero aún no han recibido lo prometido hasta que llegue el día de la resurrección.

Volviendo a los textos sobre la idea predominante, es importante señalar que no solo el Antiguo Testamento describe la muerte como un sueño, sino que el Nuevo Testamento también lo hace de manera unánime. Aquí te dejo algunos versículos que lo demuestran claramente:

Esto muestra de forma clara y contundente que toda la Biblia respalda la creencia de que, al morir, el alma no va al cielo, sino que deja de ser hasta que «despierte» en el día de la resurrección.

Ahora, analicemos uno de los textos más utilizados para defender la doctrina de la inmortalidad del alma y que, a la vez, representa una de las formas más evidentes de forzar un texto mediante su manipulación.

Se trata de la famosa frase registrada en Lucas 23:43, donde Jesús le dice al ladrón:

De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23:43

Quienes utilizan este texto interpretan que es evidente que, al morir, el alma va al cielo, ya que Jesús le pudo decir al ladrón que ese mismo día estaría con él en el paraíso.

Este es un caso típico de traducción ambigua, ya que las comas simplemente no existían en el griego del Nuevo Testamento. Dependiendo de dónde se coloque la coma, Jesús pudo haber dicho también: «De cierto te digo hoy, estarás conmigo en el paraíso.»

Para que lo entiendas mejor, aquí te muestro el versículo en cuestión, marcado dentro del cuadro rojo del Códice Sinaítico.

Este es un manuscrito del siglo IV que contiene la copia completa más antigua del Nuevo Testamento. Como puedes ver, no existe ninguna coma en el texto, ya que los signos de puntuación aparecieron siglos después.

Hay varios motivos que demuestran que esta es la traducción correcta. Empecemos con el más obvio:

Cuando Jesús resucita, lo primero que le dice a María en Juan 20 es:

No me toques, porque aún no he subido a mi Padre. Juan 20:17

Esto sugiere que Jesús nunca pudo haber dicho al ladrón «que ese mismo día estaría en el paraíso», ya que Jesús mismo dejó claro que el domingo aún no había ascendido.

Con lo cual, la interpretación de que Jesús estaba diciendo que el ladrón estaría con él ese día en el paraíso es una suposición arbitraria. Como suele suceder al defender la falsa doctrina, de las dos traducciones posibles, se elige la más improbable.

Además, es importante recordar que la traducción siempre es interpretativa. ¿Qué significa esto? Que cuando un texto puede ser traducido de dos formas diferentes, el traductor debe elegir una de las dos posturas. 

Por eso, en muchas versiones, encontrarás el texto traducido así: «De cierto, te digo ‘que’ hoy estarás conmigo en el paraíso», pero ese «que» no existe en el original.

El motivo por el cual digo que esta es una de las manipulaciones más descaradas es porque, siendo tan clara la suposición lógica y tan fácilmente comprobable, se sigue utilizando este argumento de manera continua. Es realmente sorprendente con cuánta ligereza se fuerza un texto bíblico.

Aunque este argumento ya debería ser suficiente, te voy a dar un par más. También es evidente que el ladrón lo entendió así, ya que justo antes de la respuesta de Jesús, en el versículo 42, el ladrón le dice a Jesús:

Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino. Lucas 23:42

Y así lo entendió también Marta, la hermana de Lázaro. Cuando se encuentra con Jesús, le dice en Juan 11:24, hablando de su hermano Lázaro que había muerto:

Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final. Juan 11:24

Como dato curioso, te comento que he puesto la frase tal cual está en el original, sin las comas, en el traductor de Google, y la inteligencia artificial del traductor me arrojó la traducción que coincide con la suposición lógica, tomando en cuenta el contexto.

Como mencionamos anteriormente, muchos especulan con la conclusión ilógica de que cuando la Biblia dice que el muerto duerme, se refiere únicamente al cuerpo y no a la conciencia.

Sin embargo, lo que no suelen mencionar es que existen varios versículos (no solo uno) que dicen clara y explícitamente que al morir dejamos de tener conciencia. 

Aquí abajo dejaré una imagen con estos versículos. Léelos y piensa sinceramente si te dan la idea de que, al morir, ascendemos al paraíso y seguimos conscientes, o si, por el contrario, quedamos en un estado de total inconsciencia hasta el momento de la resurrección.

¿Es lógico que, si al morir ascendemos al cielo, la Biblia explique que ese mismo día perecen nuestros pensamientos? Fíjate cómo todos estos textos, en primer lugar, están hablando claramente de lo que sucede cuando morimos. 

En segundo lugar, todos arrojan la misma idea: que al morir cesan nuestras actividades, vamos al silencio, y perecen nuestros pensamientos. Y en tercer lugar, no hay ni un solo versículo en la Biblia que, hablando del tema, diga que el alma consciente se vaya a algún lado al morir, antes de la resurrección.

Por el contrario, siempre, en todos los casos, los versículos que se toman para justificar la falsa doctrina son versículos que no hablan del tema. Por ejemplo, consideremos un versículo en Hechos 20:9-11 que también se utiliza muchísimo. 

Aquí se narra que un joven llamado Eutico se cae de una ventana de un tercer piso y es levantado muerto. Entonces, en el versículo 10, Pablo, abrazándole, dice: “No os alborotéis, que su alma está en él.”

Así que, algunos interpretan que aquí Pablo está diciendo claramente que el alma del joven aún no ha salido del cuerpo y se ha ido al cielo, sino que todavía está en él. Este es otro claro ejemplo de manipulación de un texto por una traducción ambigua. Permíteme explicarte por qué.

En la Biblia el alma es sinónimo de vida y de persona. Al morir, la persona deja de existir. El alma o vida deja de ser, porque para que exista la vida o el alma, se necesita el cuerpo y el soplo o espíritu de Dios.

Ya hemos visto anteriormente, cuando analizamos los textos que indican que el alma es inmortal, cómo se traducía la palabra alma (“nefesh”) en el Antiguo Testamento, o la palabra alma (“psujé”) en el Nuevo Testamento, indistintamente como alma, persona o vida.

Ya hemos visto en el ejemplo de lo dicho por Jesús al ladrón en la cruz que la traducción es una excelente forma de manipular el texto. Es el traductor quien decide qué palabra utilizar en lugar de “psujé,” que significa alma, vida, o persona.

Analizando un poco el contexto, podemos ver algunos versículos donde se utiliza la palabra “psijí,” es decir, alma, en el contexto de dar, perder, salvar o arriesgar la vida.

Fíjate cómo cambiaría el texto que estamos analizando si la palabra “psijí” se tradujera como vida en vez de como alma, tal como se hace en tantísimos versículos del Nuevo Testamento, entre ellos, los que mencioné anteriormente.

 “No os alborotéis, que su vida está en él,” lo cual era una expresión común para decir que el joven estaba vivo. Dicho sea de paso, estos textos también sirven para mostrar que el Nuevo Testamento está lleno de versículos donde se dice que el alma puede morir o ser matada.

Volviendo al tema, aquí abajo te dejo una imagen donde se ve cómo se traduce esta frase en 19 versiones diferentes en español. Podrás ver que solo tres de ellas usan la palabra “alma”; el resto traduce lo que Pablo dijo como que el joven simplemente estaba vivo, que es el significado de la expresión.

Y ahora, hazte la pregunta: si un ministro, cura, pastor o lo que sea utiliza este texto para justificar la inmortalidad del alma, ¿está o no manipulando el texto bíblico? 

Tomando en cuenta el amplio contexto bíblico hasta ahora analizado, donde pudimos ver que alma es sinónimo de vida, la conclusión lógica es que, como era común utilizar la palabra “psijí” en el Nuevo Testamento para frases que hablen de salvar, perder, quitar o preservar la vida, lo que Pablo estaba diciendo era simplemente que el joven aún estaba vivo. Siendo así, la interpretación primera es una suposición arbitraria.

Pasemos a analizar otro texto también muy utilizado: Hebreos 11:4. Este dice:

Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Hebreos 11:4

Algunos interpretan que el motivo de que Abel esté “hablando” aun estando muerto es porque ascendió al cielo y se encuentra allí. Ahora bien, si nos tomáramos el pequeño trabajo de considerar los otros dos textos en la Biblia que hablan del mismo tema, nuestra interpretación cambiaría completamente.

Uno está en Génesis 4:10, precisamente cuando Caín mata a Abel, y dice:

Y Jehová le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Genesis 4:10

Es decir, no es Abel quien clama desde el cielo, sino su sangre derramada desde la tierra. El acto criminal debe ser juzgado.

El otro versículo está en Hebreos 12:24:

a Jesús, Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel. Hebreos 12:24

El contexto inmediato de lo que venía hablando Pablo en el capítulo anterior, donde dice que Jesús es el mediador del nuevo pacto y que su sangre rociada habla mejor que la sangre de Abel. Es la sangre derramada injustamente la que reclama justicia.

En Salmos 9:12 leemos:

Porque el que demanda la sangre se acordó de ellos; no se olvidó del clamor de los afligidos. Salmos 9:12

Así que, la interpretación lógica, tomando en cuenta el contexto, es que el acto de injusticia representado por la sangre inocente derramada habla reclamando justicia, siendo la primera interpretación una suposición arbitraria consecuencia de desconocer el contexto.

Exactamente lo mismo sucede con Apocalipsis 6:9-10, que muchas veces se ha tomado como argumento para defender la inmortalidad del alma, mencionando en este texto a las almas de los que habían muerto, que estaban debajo del altar, clamando a gran voz.

9 Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían muerto por causa de la palabra de Dios y del testimonio que tenían. 10 Clamaban a gran voz, diciendo: «¿Hasta cuándo Señor, santo y verdadero, vas a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra?» Apocalipsis 6:9-10

Lo que hemos mencionado anteriormente sirve para explicar este versículo, pero por si queda alguna duda, el versículo siguiente dice:

Descansarán todavía un poco de tiempo. Apocalipsis 6:11

Esto hace referencia al dormir de la muerte, ya que aún falta que se complete el número de mártires y el juicio. (No tendría sentido decir “que sigan descansando” si estuvieran en el paraíso. Como tampoco tendría sentido tanto clamor por justicia si estuvieran ya en el cielo disfrutando en la presencia de Dios.)

Apocalipsis 20:4 lo aclara aún más, describiendo a “las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios,” que es exactamente el mismo grupo descrito en Apocalipsis 6:9: “Los que habían muerto por causa de la palabra de Dios y del testimonio.” Y aquí viene la parte clave: dice que “vivieron, y reinaron con Cristo mil años.”

Vivieron quiere decir que estaban muertos y vivieron. Hasta aquí, la segunda parte de este tema crucial. No te pierdas el último post, donde analizaremos en detalle cómo será la resurrección. No te olvides de  estar al tanto de todos los posts nuevos que irán saliendo en esta pagina.

Por CHRISTIAN JABLOÑSKI

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